José Teo Andrés
Otro año con grandes éxitos
Manuel Castells es un señor al que el pacto de Gobierno le ha deparado la cartera de Universidades aunque no viva aquí y solo cuente con una idea ligeramente aproximada de lo que el país necesita en esta delicada materia. El ministro es un personaje de currículo impresionante que, sin embargo, en el desempeño de su cargo no ha dado una, como les ocurre a esos genios del fútbol que una vez acabada de su trayectoria como jugadores se meten a entrenadores y fracasan. Un gran futbolista no tiene por qué ser un gran técnico. Con gran frecuencia, las figuras de los banquillos no han pasado de mediocridades en los terrenos de juego.
Castells es una de esas figuras de las que uno espera mucho y dan muy poco. No es el único en verdad, y, así, a botepronto, se me ocurre citar la figura de la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, que, tras un brevísimo periodo acaparando focos, ha desaparecido del mapa y la debe estar buscando la Guardia Nacional. Tampoco creo yo que el Papa Francisco haya respondido a las esperanzas que el orbe católico depositó en su figura. En mi opinión, ese inicio poderoso que anunciaba cambios espectaculares en el comportamiento de la Iglesia se ha ido diluyendo hasta convertir al pontífice argentino en uno más y ni mucho menos el más destacado.
A este ministro le pasa igual, con la diferencia de que ni Harris, ni Berdoglio han abierto la boca en vano –la primera ha preferido cerrarla para una larga temporada antes de pronunciarse de un modo imprudente- mientras que cada vez que el titular de Universidades se ha pronunciado, lo ha hecho para meter la pata hasta las ingles. El último recitado del ministro consiste en propugnar en su embrionaria por el momento Ley Orgánica del Sistema Educativo, que las mujeres tendrán prioridad para trabajar en las universidades españolas respecto a los hombres. “A igualdad de condiciones de idoneidad –dice el texto que Castells prepara y que se manifiesta con la ambigüedad necesaria para proceder como se quiera- tendrá preferencia la mujer, que es el sexo menos representado”.
Sospecho que tal condición no solo es injusta sino que es inconstitucional. Y espero que será rechazada por los tribunales correspondientes antes incluso de figurar en su texto. Pero la grillera ya está abierta. Castells tirará la piedra, esconderá la mano, y volverá a sumergirse. Como siempre.
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