Fernando Jáuregui
El chavismo sigue intacto
Habremos de reconocer que un Fin de Año como el que acaba de producirse no se da así como así. La maniobra de extracción de Nicolás Maduro, que ahora sabemos ha acabado con toda la guardia pretoriana del presidente, compuesta por veteranos de Cuba supuestamente inviolables, además de dejar a esos 32 fieros custodios tirados como colillas por las escaleras del palacio de Miraflores, ha acabado de un plumazo con todo un ciclo -algunos olvidan ese pequeño detalle- que se inició con un golpe de Estado militar que protagonizó Hugo Chávez y que acabó haciéndolo presidente de instaurando la República Popular Bolivariana de Venezuela unos años más tarde. El tiempo posterior a este operativo está paradójicamente más oscuro y misterioso que el propio asalto porque Trump se ha desembarazado de un plumazo de la recién nombrada Premio Nobel María Corina Machado, y ha decidido depositar en Delcy Rodríguez la tarea de ceder el petróleo a los americanos incluso y a pesar de que la CIA le habrá contado el sainete del aeropuerto de Barajas, las maletas fantasma, la espera para que llegara su adorado Zapatero, y las idas y venidas de Koldo y Ávalos en aquel mismo escenario.
Pero estos misterios que van a tardar en desvelarse si es que se desvelan, se complementan estupendamente con la fuga de la Pascua Militar protagonizada por el presidente Sánchez, cambiando una festividad en la que jamás se había ausentado un jefe de Gobierno español desde que se celebra y eso que tiene su origen en tiempos de Carlos III, por un viaje a París a una reunión de líderes europeos a la que acude para hacer bulto porque en cuestiones de mediación internacional Europa pinta poco y España pinta todavía menos.
Margarita Robles, aquella que el presidente de su Gobierno imaginaba acostarse con el uniforme puesto y hubo de tragarse algunos otros sapos más acompañados por una sonrisa vertical que partía el alma, ha sido la señalada para llevar el peso de la representación de un Gobierno en la que el máximo responsable ha vuelto a dar la espantada. Ya no le gustan estas cosas ni las disfruta ni le ponen. Y como no hay nadie que le obligue, toma el olivo y se va.
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