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La flota especializada en la captura del calamar loligo inicia su travesía hasta el caladero de Malvinas. Son 16 arrastreros congeladores de sociedades mixtas con capital vigués los que faenan en estas aguas, que explotan de forma exclusiva a través de un acuerdo con el Gobierno de las islas Falkland, el nombre que da al archipiélago Reino Unido, que administra este territorio reclamado por Argentina.
Estos grandes pesqueros hacían ayer sus preparativos en los muelles de Beiramar, donde amarran cuando finalizan sus campañas, con tareas de carga de material, imprescindible para pasar casi cuatro meses en el mar y sin tocar puerto entre las semanas de pesca y los traslados a miles de kilómetros al Atlántico Sur.
Entre los pesqueros que partirán de forma inminente a este caladero hay embarcaciones que este año cumplen ya medio siglo en activo como el “Beagle FI”, de una sociedad mixta con participación del grupo Pescapuerta, que también dispone del “Venturer” y el “Falcon”, además de uno de los últimos pesqueros botados para este caladero como el “Prion”.
El grupo Wofco también cuenta con presencia en la sociedad Polar Fish, que gestiona los arrastreros “Robin M. Lee”, “New Polar” y el “Sil”. El grupo Pereira está presente asimismo en Malvinas con una flota de tres pesqueros, el “Argos Cíes”, “Argos Pereira” y “Argos Berbés”. A su vez, el “Golden Chicha” y el “Hermanos Touza” también capturan el calamar loligo bajo bandera de las islas Falkland con inversión de la empresa viguesa Chymar.
Además, faenan en este caladero el “Monteferro” y el “Monte Lourido”, vinculados a Lanzal; el “Hadassa Bay”, a Copemar; y el “Igueldo”, a la firma Marfrío, de Marín.
Los pesqueros navegarán también con científicos a bordo, cuya presencia está financiada por las propias licencias de las empresas. Recogen datos y realizan estudios para asegurar que la actividad se realiza de forma sostenible, manteniendo suficiente calamar en el ecosistema para garantizar su reproducción.
Esta será la primera de las dos campañas del año, coincidiendo con la temporada de verano en aguas de Malvinas. Esto hace que el trabajo sea más sencillo para los pesqueros de capital vigués, pero también permite capturar ejemplares de menor tamaño que los de la segunda campaña del año, que empieza en agosto coincidiendo con el invierno en Malvinas.
El año pasado, la primera campaña se cerró con 38.000 toneladas, aceptable, pero lejos de las mejores cifras, cuando se superaron las 50.000. Por otro lado, la segunda campaña del año resultó más compleja, con la amenaza constante de cierre anticipado y unas capturas limitadas ante el descenso de los niveles de biomasa. Esto limitó las capturas finales a 18.000 toneladas, aunque el año anterior ni siquiera se pudo faenar.
Tras el cierre de la última campaña, el Gobierno de Malvinas fijó un umbral mínimo de 10.000 toneladas de biomasa para garantizar la sostenibilidad de la pesquería de calamar loligo. Esta referencia se estableció a partir de un estudio científico realizado al término de la temporada, que evaluó el estado del stock.
Según ese informe, la biomasa total estimada que permanecía en la zona de pesca al cierre de la campaña, el 19 de septiembre, fue de 13.600 toneladas. Más allá de cifras concretas, fijaron una orquilla de “credibilidad” a través de la que aseguran con total seguridad que se situó entre 9.974 y 20.355 toneladas, mientras que el riesgo de que estuviera por debajo del umbral de conservación de 10.000 toneladas sería tan solo del 2,5%, lo que, según las autoridades, permite dar por cumplido el objetivo de conservación con un alto grado de seguridad.
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