Debate nacional sobre Venezuela

Publicado: 07 ene 2026 - 03:30

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Las relaciones de España con Venezuela, o por mejor decir del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con el régimen de Nicolás Maduro, se han convertido en un escenario habitual de las diatribas nacionales, con todos los ingredientes del cinismo que suele acompañar el análisis político cuando se contraponen distintos valores, lo que no quiere decir que sean inmutables, sino que cada partido los utiliza a su antojo. Si el Gobierno dice que trata de mantener buenas relaciones con un régimen encabezado por un dictador para dejar abierta una posibilidad de mediación, la derecha le dirá que blanquea a quien desprecia los derechos humanos. Luego la derecha se queda muda cuando Estados Unidos desprecia la soberanía de un país y pone en marcha una política que recuerda el reparto del mundo en esferas de influencia como después de la Segunda Guerra Mundial, que abre una panoplia de incógnitas sobre las consecuencias desastrosas que pueden acarrear la abolición de facto del multilateralismo y la falta de respeto al orden internacional.

El enfrenamiento nacional sobre la crisis desatada en Venezuela pivota sobre varios puntos. El primero que la derecha se ha quedado descolocada porque Donald Trump ha dejado los primeros pasos de una transición “justa”, en manos de Delcy Rodríguez, en una continuadora del chavismo, a la que ha amenazado de muerte si no se pliega sus designios, a la que no ha exigido la liberación de presos políticos, y que ha rechazado que la dupla María Corina Machado-Edmundo González piloten la vuelta a la democracia. Ante esta “decepción” con Estados Unidos, el PP y Vox prefieren mirar hacia una supuesta irrelevancia de España en la esfera internacional a la hora de buscar una salida democrática a la incertidumbre política que se cierne sobre el futuro de Venezuela, a pesar del papel desempeñado por España en estos días en dos frentes, en el latinoamericano, con el documento conjunto firmado con México, Brasil, Colombia y Uruguay, más tajante contra la intervención estadounidense, y en el de la Unión Europea, más suave, aunque en los dos con la condena de la vulneración del derecho internacional. Se da la paradoja de que quienes afirman que nuestro país ha perdido peso en la escena internacional son los mismos que sostienen que España ha sido la principal blanqueadora en las instituciones europeas de la dictadura de Maduro, que ha impedido posiciones más duras contra su régimen, algo que, en principio, parece bastante contradictorio. Y enfrentarse al autócrata Trump les parece más preocupante que defender la resolución pacífica de los conflictos.

El segundo punto del debate nacional es el que hace referencia a las labores de mediación entre España y Venezuela, llevada a cabo por el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero al que se acusa de tener importantes vínculos económicos con el régimen venezolano, que le sitúan como beneficiario de negocios del petróleo, oro y coltán, sin que hasta el momento se haya podido demostrar fehacientemente su retribución como lobista del régimen de Maduro en España y en la esfera internacional.

Para tratar de desenmarañar este conglomerado se puede abrir otra comisión de investigación sobre el rescate a la compañía Plus Ultra, y los populares esperan que José Luis Ábalos hable el jueves sobre su encuentro con Delcy Rodríguez en Barajas. Lamentablemente, pensaran en la derecha española, la vicepresidenta venezolana no ha caído en desgracia. Pero siempre les quedará la posibilidad de que una vez procesado Maduro por narcotráfico y dadas las relaciones de Zapatero y Sánchez con su régimen alguien presente una querella por ese motivo y un juez “peinado” la acepte a trámite.

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