Sube el pan

Publicado: 03 ene 2026 - 01:40

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Opinión. | Atlántico

Dicen que en una ocasión, la reina María Antonieta se asomó a las cristaleras de su palacio de Versalles y cuando vio a una multitud iracunda gritando ante la gruesa verja, preguntó a uno de sus servidores por qué chillaba aquella gente, a lo que el criado respondió, “gritan, Majestad, porque no tienen pan” La soberana respondió, “pues que coman pasteles”.

La anécdota no es al parecer cierta, pero se manejó en los dramáticos momentos previos a su visita al cadalso, y es probable que contribuyera con demoledora contumacia a ello. María Antonieta, como toda la nobleza del Antiguo Régimen, no tenía ni la más remota idea del padecimiento de sus vasallos, ni les importaba nada lo que pensaran, hicieran o sufrieran hasta que la situación se tensó y desquició, y el invento de monsieur Guillotin comenzó a cortar cabezas.

Es cierto por tanto que una gran parte de las revoluciones más feroces en la historia de la Humanidad se han iniciado con la subida en los precios de los materiales primordiales de sustento. Las subidas en las tasas del pan han desembocado con frecuencia en verdaderas escabechinas protagonizadas por gentes en el punto sin retorno de la desesperación que comenzaban a colgar a las clases dirigentes de las farolas o en los ojos de los puentes, y es muy probable que el dicho popular en el que se señala que cada vez que un servidor público habla torpemente sube el pan, tenga su inspiración en estos episodios que acababan en desgracia.

El tiempo ya no es el mismo y los pueblos están en otras claves, pero la terrible sima que se está abriendo entre los más poderosos y el sufrido y generoso pueblo, está creciendo de un modo desmesurado en un clima de creciente indignación promovido por los múltiples casos de políticos investigados por corrupción y otros delitos que implican apropiarse del dinero público y que afectan incluso a la propia familia del presidente. Aquí también está subiendo el pan para los menos favorecidos y de un modo desconsiderado. Y ya no es posible encontrar un techo asequible. Y cuando sube el pan, mala cosa.

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