José Teo Andrés
Groenlandia, Venezuela y Vigo
Nunca he otorgado especial trascendencia a la concesión de galardones a los periodistas porque siempre he defendido que los periodistas no estamos para auto adularnos y satisfacernos sino para contar lo que pasa y que cada cual desarrolle una vez informado, los juicios y matices que el conocimiento pleno de los hechos le sugiera. A lo mejor pienso así porque a mí nunca me han concedido ninguno y sigo tan feliz.
Hace un par de días he leído la justa condecoración concedida a dos agentes de la Guardia Civil cuya investigación y profesionalidad ha salvado a una madre y un hijo con discapacidad de la campaña continuada de agresión, acoso y odio llevada a cabo por una banda de energúmenos que la tomaron con ellos, y esa mención y esa medalla a ambos adorables picoletos –Vanessa y Diego, un hombre y una mujer jóvenes y resueltos adscritos al acuartelamiento del cuerpo en Arganda del Rey a los que esa familia debe la vida- sí que tienen sentido y sí que ambos merecen el calor, el honor y el reconocimiento, y a nosotros lo que nos queda es contarlo y felicitarnos por su entrega y su ejemplo.
Interpreto por tanto que cuando un periodista es distinguido por alguna faceta de su actividad profesional, tiene que haber sumado un extra de acierto y valor en su trabajo porque el narrar lo que pasa y hacerlo con sentido común, verdad y equidistancia es parte de la obligación de cada día, a no ser que las cosas se estén poniendo tal mal –que puede ser- para los periodistas que el solo hecho de serlo ya debe ser considerado como una heroicidad rayana en la locura, que necesita ser recompensada y valorada como una hazaña suprema. Eso es lo que destacan a estas alturas de la película dos de los premiados con los galardones de periodismo internacional establecidos por el diario “El Mundo”, la directora del “Wall Street Journal”, la norteamericana Emma Tucker, y el fundador del consorcio de noticias “Forbideen Stories”, el francés Laurent Richard, a los que no les llega ser profesionales de este oficio sino que lo desempeñan además en unas condiciones más difíciles que otros respetados y queridos colegas. Yo adoro este oficio pero tengo hijos y nietos. Ninguno ha seguido mi senda. Dios los bendiga.
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