Begoña Gómez no podría se alumna de los propios másteres que dirigía

Publicado: 06 may 2026 - 03:45
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Una de las grandes paradojas del caso de Begoña Gómez, al margen de otras consideraciones sobe su “cátedra”, lo determina el hecho de que, por su nivel académico, sin título reconocido por el Estado de modo oficial, ella misma no podría ser alumna de los cursos de postgrado o de la cátedra que dirigió, obviamente dirigidos a personas que ya poseían nivel universitario. Estos días, las baterías de su defensa tratan de argüir que su caso no era nada excepcional y comparan sus circunstancias con otras parecidas.

En España, existen títulos oficiales y títulos propios. Los másteres oficiales cuentan con el aval de la universidad que los otorga y con el reconocimiento del Estado. Los títulos propios son avalados por el prestigio de la universidad (o el centro formativo) que los expide. Estos últimos son aprobados por las universidades y se someten a un procedimiento normativo más flexible. El Reglamento de Estudios de Formación Permanente de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) regula las enseñanzas propias (másteres, diplomas de especialización, expertos y posgrados) que no conducen a títulos oficiales. El Centro de Formación Permanente (CFP) es el encargado de gestionar estos estudios. Son enseñanzas especializadas de la UCM para la actualización de conocimientos, competencias y habilidades profesionales. Se requiere, por lo general, titulación universitaria previa (licenciado, ingeniero, arquitecto o grado). También se contempla el acceso con homologación o equivalencia.

Desde 2012, Begoña Gómez vino ejerciendo, como “docente” en un curso de la Fundación General de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) para preparar a los alumnos como técnicos en “fundraising”, el concepto que engloba el aprendizaje en la captación de fondos públicos y privados para el llamado tercer sector copado por las organizaciones no gubernamentales y otras entidades sin aparente ánimo de lucro. Estos estudios subieron a la categoría de master y se trasladaron a la Escuela de la UCM dos años después, con la propia Gómez durante cuatro cursos, entre 2014 y 2019.

Pero a partir de 2019, ya con su esposo presidente, pese a carecer de titulación superior, Begoña se convirtió en codirectora del máster, y especialmente en 2020, con un salto definitivo: la Complutense creó una “cátedra” para ella, con el mismo contenido que el máster que ya dirigía, mediante un convenio de colaboración con dos empresas relevantes, Reale Seguros y La Caixa, a través de su fundación. Era el último trimestre, apenas dos meses después de las polémicas reuniones que mantuvo con Javier Hidalgo, presidente de Globalia, en la sede de la empresa que después logró un rescate histórico con dinero de un fondo público creado por Pedro Sánchez en esas mismas fechas. A partir de ese momento se dedicó a gestionar una herramienta con la que se pretende unir a empresas privadas, ONG y la Administración Pública, con fórmulas, acuerdos, convenios y contratos beneficiosos para todas las partes.

Jesús Rodríguez Márquez, catedrático de la Universidad de Granada, ex presidente de la Cámara de Cuentas de Andalucía a propuesta de los socialistas y ex concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Guadix—es el autor un dictamen pericial con el que Begoña defiende la legalidad de su vinculación a la cátedra extraordinaria de la Universidad Complutense de Madrid. El documento, titulado “Las aulas, cátedras extraordinarias y los estudios no oficiales de formación permanente como instrumentos de colaboración público- privada en la Universidad Española” sostiene que la figura de las cátedras extraordinarias constituye un mecanismo habitual, regulado y legítimo de colaboración entre la universidad pública y entidades privadas, y que la participación de personas ajenas a la plantilla universitaria en su dirección es una práctica extendida y amparada por la normativa vigente.

Pero una cosa es que en este tipo de actividades puede contarse con personal ajeno a la Universidad, no es menor cierto que, la regla general es que se exige que esos colaboradores tengan título superior. En todo caso, en función de la naturaleza del curso se puede contar como conferenciante con un experto o profesional que aporte su experiencia, limitado a este aspecto. Y lo digo porque durante mi propia etapa universitaria en la Universidad de Vigo, dirigí un título propio en Publicidad, Márketing y Consumo, patrocinado por el Instituto Galego de Consumo en el que todos los profesores eran titulados superiores. He tenido una relación estrecha con el profesor Ubaldo Cuesta, el vicerrector de la Complutense que dimitió con relación al caso de Begoña Gómez, y ha venido a la Universidad de Vigo como profesor de mis cursos complementarios en Comunicación Instituciona y Protocolo. Otro de los profesores de mis títulos propios fue Eugenio Ribón, decano del Colegio de Abogados de Madrid, ariete principal contra el ex fiscla general Torres.

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