¿Cómo vivían los aztecas antes de la conquista?

Publicado: 13 may 2026 - 01:00
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Un libro que está teniendo gran éxito en las librerías mexicanas es el que lleva por título “Erase una vez Tenochtitlán” cuyo autor es Alejandro Rosas, el divulgador de historia más reconocido de México.

Alejandro Rosas, nacido en 1969 en la capital del país, es autor de varios libros y, junto con Isabel Revueltas y Benito Taibo, forma parte del popular programa de televisión “El ADN de la Historia”

La obra que hoy comentamos es una obra escrita con seriedad y apasionamiento fruto de las consultas que el autor ha hecho tanto de las tradiciones indígenas como de cronistas misioneros como Díaz Durán, Juan de Torquemada y Toribio de Benavente “Motolinía”

Asimismo, considera como maestros fuera del aula al arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma y su equipo de trabajo quienes han realizado una meritoria labor en las excavaciones del Templo Mayor.

Esto hace que tengamos plena confianza en un autor que, no se deja llevar por la ideología oficial, sino que prefiere ir a las fuentes seguras con tal de encontrar la verdad.

Una verdad que Alejandro Rosas expone de modo tan ameno que a quien empieza a leer su libro le cuesta mucho suspender la lectura.

En la obra “Erase una vez Tenochtitlán”, Alejandro Rosas cuenta la historia de los aztecas desde que iniciaron su peregrinación en Aztlán hasta la llegada de los españoles en 1519.

A lo largo de su obra, el autor describe a cada uno de los dioses aztecas, así como a los personajes que desempeñaron un papel decisivo en la integración de Tenochtitlán.

Y así vemos como -con tal de que no llegase el temido fin del mundo- la guerra le daba sentido a cada ciclo de vida mexica (azteca)

Con realismo y sin exagerar, Alejandro Rosas describe los sacrificios humanos, así como los rituales con que se celebraban.

De este modo deja sin argumentos a quienes han tenido el atrevimiento de negar que entre los aztecas se dieron sacrificios humanos; tal fue el caso de López Obrador.

Conforme vamos leyendo la obra del autor citado, se nos erizan los cabellos al ver como no solamente los aztecas sino los pueblos a ellos sometidos estaban oprimidos por un sistema sangriento solo comparable al caldeo asirio en donde se arrojaba gente viva a un horno en llamas que representaba a dios Moloch.

Una crueldad pocas veces en la historia y que Justo Sierra, historiador liberal, describe diciendo que “los sacrificios fueron matanzas de pueblos enteros de cautivos que tiñeron de sangre a la ciudad y a sus moradores; de todo ello se escapaba un vaho hediondo de sangre. Era preciso que ese delirio religioso terminara; vendida la Cruz o la espada que marcasen el fin de los ritos sangrientos” (Evolución Política del Pueblo Mexicano. Universidad Nacional Autónoma de México. Página 44)

Un sistema espantoso propio de la más espeluznante y del cual aztecas y pueblos vecinos lograron liberarse gracias a la Cruz a la cual se encomendaba un valiente capitán español llamado Hernán Cortés.

Y rematamos con una frase que se encuentra en la cuarta de forros de dicho libro: “Alejandro Rosas ha decidido llevar hasta la piedra de los sacrificios la mal contada historia mexica y, a cambio nos entrega una interpretación libre de prejuicios, de la retórica populista y de la sobrevaloración del pasado indígena promovida por el discurso oficialista”

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