José Teo Andrés
Cíes, isla de récords
Los transgresores de la ley van siempre varios cuerpos por delante de aquellos que persiguen sus fechorías a pesar de las labores de prevención que se realizan. En el caso de las pruebas de acceso a la universidad (PAU) hay universidades que se plantean contar con inhibidores de frecuencia para evitar que los examinandos utilicen gafas, relojes o teléfonos inteligentes, nanoauriculares, o cualquier otro instrumento que permita comunicarse con el exterior o con la IA. Ocurre que en ninguna universidad se ha detectado el uso de esos aparatos de forma generalizada por el momento, pero por si acaso. A pesar del peso de lo nuevo, los profesores vigilantes de los exámenes no dejarán de controlar otros métodos de copiar más artesanales y prohibirán las botellas de agua con etiquetas o los estuches deberán ser transparentes. Había verdaderos artistas en el arte de inventar métodos para copiar en la época pretecnológica en la que un bolígrafo bic era un instrumento cargado de posibilidades para esconder chuletas, lo mismo que la escritura sobre el mismo cuerpo, pero nada tan eficaz como “el cambiazo”.
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