José Teo Andrés
Cíes, isla de récords
Como era de esperar, ha estallado la trifulca entre dos partes en litigio con distintas competencias y territorios que gobernar, a cuenta de los pasajeros del crucero de recreo holandés “MV Hondius”, que ha llegado a las costas canarias para liberar un pasaje aquejado del hantavirus en el puerto de Granadillas. Estamos en una situación repetida hasta el cansancio en la que el Gobierno sospecha o supone que todo lo que se manifiesta en su contra y duda de su competencia es materia de alta traición, y a día de hoy tenemos al presidente de la autonomía canaria, Fernando Clavijo, criticando despiadadamente a la ministra por haberle metido a la fuerza la proa del barco en sus dominios mientras Mónica García acusa al presidente de Canarias de haberse convertido en sicario del PP para tratar de boicotear el desembarco de afectados, todos los nacionales asintomáticos según las primeras informaciones, aunque luego hemos sabido que a uno de los pasajeros camino del Hospital Gómez Ulla se le ha detectado fiebre y dificultades respiratorias. Las pruebas corroboran el contagio y Clavijo y su gabinete proclama estar seguro de que el ministerio tenía conocimiento del estado de uno de los pasajeros españoles y que se lo han callado para no levantar ampollas. Total, un calco de todos y cada uno de los episodios que se producen en el país con independencia de su gravedad y temática.
De lo que hasta la fecha nada se ha comentado tras la sorpresa inicial es de la intervención de la ministra de Defensa, una declaración previa al desembarco de los pasajeros y su conducción al Hospital Gómez Ulla que la ministra calificó de “voluntaria”. Margarita Robles explicó en las horas previas a la hospitalización de los pasajeros españoles que su internamiento era completamente voluntario y todos nos quedamos perplejos ante la posibilidad de que pudieran elegir su destino. Entre pasar cuarenta días aislados en la habitación de un hospital y marcharse a casa tan ricamente, la elección no admite dudas. También es un tema que se repite contumaz en el comportamiento de este equipo ministerial. Cada vez que abre la boca la lía. La solución es, por tanto, no explicar nada. Ni de las vías del tren, ni del apagón general, ni de su intervención en la Dana. Más vale callar que decir insensateces.
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