Más vale Trump

Publicado: 18 mar 2026 - 05:30
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Proclaman los comentaristas políticos que no están puestos por Moncloa, que Sánchez está obteniendo más rendimiento de Trump que de Franco y a la vista de los datos fríos y desapasionados, tienen razón. Hace un año, Sánchez anunció a bombo y platillo, coincidiendo con el 50 aniversario de su fallecimiento, el desarrollo de un ambicioso programa socio-cultural que pretendía desenterrar la figura de Franco para enseñar a las jóvenes generaciones las maldades del dictador y la oscuridad de un largo trecho de la historia del país al mando de un enano con voz de jilguero. Todo ello es verdad y los que ya peinamos canas sabemos lo que fue aquello aunque no lo supiera Sánchez que tenía dos años cuando murió el dictador. Sin embargo, los juegos de manos de Moncloa no calaron en la opinión pública por incontables razones, aunque seguramente la más decisiva es que a las generaciones jóvenes les importaba un pito Franco, medio siglo después de haber sido sepultado. Es natural y Franco les queda a mis nietos tan lejos como me quedaba a mí el general Prim. Como todas las aportaciones impostadas y absurdas ideadas por el multidisciplinar equipo de fontanería fina de Presidencia, está de Franco pasó al limbo del olvido con la misma velocidad que otras muchas que se muñeron antes y como aquellas que se muñirían después y cuya última muestra hasta la fecha está en Hodio, esa instancia de nuevo cuño que se obviaría tranquilamente aplicando la normativa europea y las prerrogativas de jueces y policías en lugar de montar una nueva representación teatral para ponerla en movimiento, aportar un gasto nuevo, dar empleo a una legión de amiguetes y dejarla languidecer hasta que se apague por completo, esa costumbre que convierte a Sánchez en un actor desempeñándose a sí mismo.

Trump, su ferocidad, su incultura atroz, su inigualable desconocimiento de otra realidad que no sean la suya, su cerrilidad supina, su infinita estupidez, su chulería, su lamentable falta de respeto, su dramática irresponsabilidad y su bestialidad infame le ha proporcionado a Sánchez una balsa a la que agarrarse. Lo malo es que en su país, las urnas lo bajan del guindo cada dos por tres.

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