Rafael Torres
El sueño de Julián Álvarez
Hay un joven dispuesto a incumplir un contrato por alcanzar un sueño, o eso dice. El joven es el futbolista argentino Julián Álvarez, el contrato es el que le liga al Atlético de Madrid, y el sueño, según él, pasarse al Barcelona. Se trata de un joven que, como se puede apreciar, sueña a destiempo, pues debería haber soñado eso antes de firmar por el Atleti por cinco años, si bien cabe la posibilidad de que ya lo viniera soñando y confundiera el sueño con la realidad.
Ahora bien, el tal Álvarez no sería el único en esta historia que se halla enredado en las trampas de los sueños: Atlético y Barcelona, los clubs que se lo disputan, adolecen de la misma confusión al respecto. El primero ya demostró andar algo sopa cuando apoquinó 75 millones de euros más "variables" por un suplente del Manchester City y en la Selección argentina, es decir, que no era nada del otro mundo, como ha demostrado en el equipo en el que no quiere seguir jugando porque tiene un sueño. El Barça, por su parte, parece rehén de la misma ensoñación al creerse que por un jugador así merece la pena seguir malbaratando su depauperado patrimonio y desestabilizando al jugador, al equipo que no se lo quiere traspasar y a su propia plantilla, en la que, por cierto, tiene media docena de futbolistas notablemente mejores que el soñador.
Griezmann hizo en su día algo parecido, sucumbió a la tentación del sueño blaugrana, pero a Griezmann la realidad de que ningún jugador del Atlético de Madrid cuaja en el Barça le hizo rectificar, y lo hizo de la única manera que podía hacer, jugando fino, elevando con su presencia la calidad de la plantilla atlética en su regreso y metiendo goles a mansalva. Pero Julián Álvarez no es Griezmann, es sólo un buen jugador del montón atrapado por el sueño de levantar los títulos que la mala suerte y las severas limitaciones de su paisano Simeone le niegan al Atleti, y puede también que por el sueño algo más grosero de meterse en la buchaca algunos kilos más que los 15 que entre pitos y flautas se embolsa anualmente en el club que, por soñar mal, traiciona y desprecia.
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