Manuel Orío
La información fantasma
La posición mostrada por el presidente del Gobierno en la crisis de Ceuta que ha consistido simplemente en ponerse de perfil y obligar a que la responsabilidad de le gestión cayera de lleno en su consejo de Ministros, ha puesto de manifiesto unas cuantas anotaciones algunas de las cuales son suficientemente notorias para que afloren sonrojos en rostros habitualmente pétreos como el del ministro Marlaska cuya conducta al mando del ministerio del Interior es tan dilatada como susceptible de un profundo análisis emparejado con permanente polémica. La voz discordante en este coro de imprudencias y contradicciones cuando no de necedades que ha impuesto un escenario de caos absoluto y peligrosa improvisación de un ejecutivo comportándose como un rebaño de cabras montesas, la ha puesto Margarita Robles, aquella de la que su presidente dijo un día en conversación telemática con José Luis Ábalos –ya nadie se acuerda de él- que dormía con el uniforme puesto. Robles ha acudido a la llamada de la Comisión del Senado sabiendo que o reforzaba su posición aportando lo que debía aportar o se la iban a comer viva. Por tanto, y apurando la copa de un rato amargo que probablemente no olvidará en su vida, alzó el dedo para señalar a su compañero de gabinete y juez de carrera como ella Fernando Grande Marlaska, y aclarar que Interior había sido advertido por los 25 agentes del CNI que trabajan en Ceuta de la amenaza de una invasión a nado o en patera que se estaba preparando para una próxima fecha. La ministra, angustiada y más pálida que la Macarena, defendió a su gente, afirmó serena que los espías había hecho bien su trabajo y dejó el resto del razonamiento para que lo desarrollaran los demás. Marlaska lo negó todo y prefirió seguir culpando a los servicios de Inteligencia de este desastre. Robles sin embargo, volvió a insistir, Interior lo sabía… Lo que hizo después no es cosa de ella.
Como las estupideces van siempre en pareja, se ha nombrado a Ángel Víctor Torres mando único para la crisis de Ceuta. Es un inepto, posiblemente pringado, cuya primera providencia ha desatado la justa ira de los ceutíes que están desesperados. Han puesto cerco al hotel donde se hospeda y le han llamado de todo. Con razón.
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