Ramón Pastrana
Cortina
No se lo van a creer, ni falta que hace... El caso es que ayer tuve una coincidencia de esas que nos pasman pero que no nos la explicamos. Digo: revolviendo papeles encontré una entrevista que me hizo in illo temporeese sabio colega y pluma extraordinaria, Manu Orío, en la que me halagaba, diciendo que yo hasta sabía quien era Narváez y su breve relación con Vigo. Me hizo gracia la cosa, porque el que sabe de eso y de Prim más que nadie es él. Pero: yo, ayer, al buscar cualquier hecho concomitante con el día de hoy, de cualquier año, veo ¡que Narváez estuvo en Vigo el 30 de septiembre de 1854! (No es que tenga mayor importancia, pero... (¿Y si Orío tiene poderes extraordinarios, lo que no me extrañaría nada?) Narváez fue un militar como la copa de un pino que tuvo mucha parte y arte en el desarrollo político de la España de los tiempos isabelinos. Había nacido en Loja y sus opositores le llamaban, para zaherirle, el espadón de Loja. Hizo una brillantísima carrera militar y cayó en la política, como era nornal en aquella época de asonadas: recuerden al general Serrano, a Espartero, etc Pero a lo nuestro: Narváez llegó a Vigo procedente del lazareto de San Simón, donde estuvo diez días de cuarentena esperando no venir con alguna peste encima. Llegó a nuestra ciudad al mediodía y se hospedó en la fonda del León de Oro, en cuya puerta le estaban esperando el gobernador militar de la plaza con su estado mayor, jefes y oficiaies de la guarnición y autoridades civiles, con guardia de honor compuesta por una compañía de granaderos con bandera y la banda de música del regimiento de Infantería de Toledo. El militar ex-presidente, -que luego volverá a serlo porque los golpes militares eran actos de cualquier día-, fuee visitado por diversas representaciones. Por la noche, según costumbre, le fue ofrecida una serenata y al día siguiente, muy temprano, partió para Valladolid.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último