Un final romántico

Publicado: 18 oct 2026 - 00:38
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Opinión. | Atlántico

La carrera por conquistar el Palacio de la Moncloa se ha iniciado ya, o a lo mejor hay que decir que lleva ya un tiempo más que prudencial desarrollándose sin que tocara. Ahora que ya toca, está el proceso muy rodado y sus acentos de amargo resentimiento no se le escapan a nadie. El primer ministro ha resuelto inaugurarlo oficialmente en Fuenlabrada apelando a un estilo que ha hecho suyo y que consiste en hacer público su amor incondicional por Begoña, su mujer, a la que besó apasionadamente en la boca como si ambos improvisaran el final de una intensa película romántica. Se trata de una situación ya anteriormente editada cuando Pedro se retiró un fin de semana largo para meditar si seguía o no en el cargo como respuesta a la instrucción iniciada por un juez para determinar si su mujer había llevado a cabo prácticas no honorables en su condición de directora de una cátedra, actuaciones que acabaron por enviarla al banquillo de los acusados.

Esta subjetiva elaboración que el presidente Sánchez ha adoptado para abrir campaña que se basa en un amor por su mujer que desborda los límites de la función política, no hace sin embargo otra cosa que plasmar la personalidad divinizada de un sujeto que, a la hora de suponer situaciones que afectan a sí mismo, intenta convencer al resto de sus compatriotas de que su amor por la mujer a la que venera es único en la creación y tan potente y puro que es capaz incluso de dinamitar procedimientos judiciales en curso que, en este caso, afectan a su pareja como ocurre con la mayor parte de las instrucciones que se llevan a cabo en todos los juzgados de España. En una gran parte hay una pareja que padece porque uno de sus miembros es acusado de un delito cuya veracidad y alcance deberán determinar los tribunales.

Sánchez es abogado o al menos eso dice su currículo universitario aunque ciertas pruebas de esa condición llevan aparejada serias dudas sobre su validez y relevancia. Por eso, sabe que nadie intenta destruir su existencia familiar y que esto no es un romance. Pero, ¿y lo bien que queda para los que se lo tragan?

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