Manuel Orío
No solo es el destino
Los medios españoles, en general, especialmente las revistas del corazón y las tertulias del periodismo de cámara, han coincidido en un tratamiento amable, pero poco documentado desde la perspectiva del rigor histórico, en cuanto al fallecimiento de la princesa Irene de Grecia, hermana de la Reina Sofía. Se ha sobrevolado el enfoque exacto de esta familia danesa-germana que su día fue puesta en el trono de Grecia, sin que realmente tuviera nada que ver con la nación helena. La estirpe responde a los apellidos Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y, en su momento, el pueblo griego decidió licenciarla para siempre y abolir la monarquía. De manera expresa se les ha prohibido el uso del apelativo “de Grecia”, que el actual Rey Felipe usa habitualmente tras el de Borbón, pese a que el Gobierno griego prohibiera a su tío Constantino su uso.
Rechazado por el pueblo griego, residente en Londres, Constantino compartió durante años la estancia cerca de él de su hermana la reina Sofía, (con tratamiento honorífico que no emérito), quien pasaba gran parte del año en el Reino Unido. El Gobierno griego permitió el regreso de la ex familia real griega a Tatoi, para conmemorar el 50 aniversario de la muerte del rey Pablo, reabriendo el rechazo que el pueblo griego vino dispensando a la familia impuesta como reyes en un país ajeno por las potencias europeas en una de las más convulsas fases de nuestro pasado reciente.
Ahora, también se permite que la princesa Irene descanse en Tatoi. En otras ocasiones, el Gobierno griego ha advertida la familia que su estancia en territorio griego sea lo más breve posible. En enero de 2007, a casa de subastas londinense Christie's informaba de que la venta de bienes de la familia del ex rey Constantino Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, había recaudado 14,2 millones de euros (18,5 millones de dólares.) por pignoración de los bienes traídos de Tatoi, donde acaba de tener lugar la reunión familiar. Constantino, exiliado en Londres a raíz del golpe militar perpetrado en su país en 1967, sacó la colección de joyas y obras de arte de Grecia en 1991. En su mayoría piezas de plata y objetos del famoso orfebre ruso Carl Gustavovich Fabergé, junto a muebles, obras de arte, jade, porcelana china y pinturas.
La puja se celebró, pese a que el ministro griego de Cultura, Georgos Vulgarakis, enviara una citación de acuerdo extrajudicial a Christie's para detener la subasta. Vulgarakis solicitó información a los subastadores sobre el origen y la legalidad de la adquisición de los 850 lotes. En declaraciones a una televisión griega, el ministro advirtió "si alguien compra algo que se demuestra que es ilegal, el Estado (heleno) actuará contra Christie's y el comprador". Pero el asunto no se paró.
Los artículos de la colección procedían en su mayoría de Tatoi, palacio favorito de Constantino, a unos 25 kilómetros de Atenas. El exiliado rey, que reinó entre 1964 y 1973, pudo sacar la colección de Tatoi, cuando el Gobierno de Atenas le permitió el traslado de objetos de la realeza fuera del país, pese a las disputas legales entre ambas partes debido a que el rey no había pagado los elevados impuestos de sus propiedades al erario griego. Constantino no recuperó todas las propiedades que le fueron expropiadas por el gobierno de Papandreou, pero a fines de 2000 la Corte Europea de Derechos Humanos falló a su favor y el gobierno socialista de Costas Simitis optó por acabar con el litigio y pagar los 1.000 millones de euros (igual cifra en dólares en aquel momento) a que obligaba la sentencia
El rechazo de los griegos por Constantino alcanza a toda la familia. La monarquía fue abolida en Grecia con un referéndum en 1974, tras una dictadura militar que duró siete años. Al ex jefe de Estado le pesaba como una losa la colaboración que mostró con la dictadura de los coroneles durante sus primeros nueve meses antes de exiliarse, con 24 años, en Londres. Estuvo años sin poder pisar su país, y el gobierno socialista de Andreas Papandreou se negó a renovarle el pasaporte. La reina honorífica Sofía solía ser reciba por la prensa griega con titulares como éste: llega “la hermana de Constantino-Constantino’’. El rey destronado obtuvo un pasaporte danés, la nacionalidad de su esposa. Durante años había pedido un pasaporte griego. ’’Soy griego’’, decía. ’’¿Cuál es su apellido?’’, le preguntaban las autoridades de Atenas. ’’Soy Constantino de Grecia y eso es todo’’, respondía. En su documento danés figuraba como’’Constantino Degrezia’’. Y está la delicada cuestión del apelativo dinástico “de Grecia”. Si el gobierno del pueblo soberano griego no permitía su uso al ex rey, obviamente alcanzaría al resto de la familia, según los expertos heraldistas. De ahí que alguna vez, por respeto al pueblo soberano griego, se ha indicado aquí que sería prudente que Felipe de Borbón dejara de usar el impropio apellido “de Grecia” y emplearael que propiamente le corresponde a la familia de su madre. O sea, Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg.
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