Ramón Pastrana
Transmisores
A estas alturas, cualquiera se atreve a pronosticar qué proporciones tendrá la remodelación del Gobierno que deberá hacer Sánchez con la salida de la vicepresidenta y ministra de Hacienda María Jesús Montero para oficializarse como candidata a las elecciones de la Junta andaluza el próximo 17 de mayo. En los 'quinielódromos' hay especulaciones para todos los gustos. Yo apenas me arriesgaría a decir que el Ejecutivo está en buena parte quemado, abrasado, y que es precisa una remodelación a fondo, pero casi apostaría a que Sánchez, genio y figura, no la hará.
En las especulaciones de cenáculos y mentideros la hipótesis más probable consistía hace unas horas en señalar que la cartera de Hacienda iría a parar al ministro de Economía, Carlos Cuerpo, que acumularía ambas. Y que la vicepresidencia primera la ocuparía oficialmente -porque de hecho ya lo está haciendo- el 'superministro' Félix Bolaños. Pero vaya usted a saber.
Claro que es buen momento para preguntarse si, a la vista de lo que ocurrirá este jueves en el Congreso de los Diputados, donde la propuesta de decreto sobre vivienda amparada por Sumar comenzará su declive, Sánchez y Yolanda Díaz mantendrán una coalición gubernamental que ya claramente ha dejado de funcionar, como se evidenció, por si hubieran hecho falta más pruebas, al pasado viernes en el Consejo de Ministros extraordinario del que salió el `super decreto anticrisis`.
Consta que hay voces en Sumar partidarias de la salida del Ejecutivo de los cinco ministros de esta formación, por entender que ahora les perjudica más de lo que les beneficia seguir con su suerte unida al Gobierno del PSOE que preside Pedro Sánchez. Y porque alguna de sus figuras más señeras, concretamente Yolanda Díaz, ha perdido gran parte de su peso específico.
También consta que hay voces influyentes dentro del PSOE que recomiendan destituir también a algunos ministros especialmente 'quemados' o que no han cumplido a plena satisfacción las tareas encomendadas, o que dan un perfil demasiado bajo. Son cinco los nombres que se mencionan en los citados mentideros, algunos muy próximos a La Moncloa. Pero la verdad es que certezas, ninguna.
Sánchez ahora ha de afrontar las elecciones andaluzas, en lo que era el feudo del PSOE, con las expectativas de un severo varapalo. Y necesita encarar este golpe, que afecta nada menos que a la mujer que hasta ahora ha sido su 'número dos' en el partido y en el Gobierno, con un Ejecutivo fuerte, muy cohesionado, capaz de hacer frente a los enormes retos mundiales que ahora se le presentan. Y actualmente, muchos opinan que no es el caso: el desgaste de la gobernación ha sido inmenso.
Por otro lado, el presidente del Gobierno precisa que el nuevo titular de Hacienda presente cuanto antes unos Presupuestos para no añadir un nuevo motivo de polémica -el incumplimiento de la Constitución- a una trayectoria ya llena de dificultades en los últimos meses, tanto desde el punto de vista estrictamente político como en el judicial, en el de las relaciones internacionales e incluso en el económico. España, sin duda, va bien en las cifras 'macro', pero todo se puede venir abajo si la guerra con Irán continúa mucho más tiempo y se produce una escalada de precios como la que sería imaginable en las peores hipótesis.
Y, si no me atrevo a precisar una 'quiniela' de ministros, menos aún me atreveré a señalar una fecha para las elecciones generales. Sánchez insiste en que agotará la Legislatura, pero la incredulidad crece: son muchas las cosas que van a ocurrir, que están ocurriendo ya, esta primavera. Yo insistiría en que, tras las vacaciones de la Semana Santa, que siempre suponen un parón en la frenética actividad política española, se van a acelerar muchas cosas, porque comienza, ni más ni menos, una nueva era. Y las elecciones andaluzas, sus resultados, van a ser el epicentro de la etapa del vía crucis que aguarda a Sánchez.
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