Manuel Orío
Los nuevos Dalton
De lo que hoy narran los periódicos y mañana ampliaran los libros de Historia se nutren estos días las crónicas de tribunales. El arranque de la semana fue un alarde de togas y puñetas .Los tribunales -la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo- como inopinados retrovisores de hechos presuntamente delictivos acontecidos hace años. Tres sesiones de otros tantos juicios que implican a personajes principales que han sido ministros gobernando el PSOE (José Luis Ábalos), con el PP (Jorge Fernández Díaz) y con Convergencia y Unió (Jordi Pujol).
Casos de corrupción -presunta, hasta conocer sentencia-, pero significativa de cómo han funcionado las cosas en nuestro país en orden a las facilidades que otorga el poder para delinquir. Que han sido una constante en los últimos tiempos -sin haber encontrado tope-, porque uno de los casos que juzga el Supremo, el llamado "caso Mascarillas", que afecta al PSOE) hunde sus raíces en tiempos tan próximos como los días de la pandemia con Pedro Sánchez en La Moncloa. De los otros dos, uno, el "caso Kitchen", encausa a una parte de la cúpula del PP cuando gobernaba Mariano Rajoy y el otro por hechos investigados desde hace ya muchos años que señalan a Jordi Pujol y al grueso de su prole.
A quien fuera presidente de la Generalidad de Cataluña, factótum en Barcelona y gran elector en Madrid, el tribunal ha decidido excluirle de la causa -en razón de su deficiente estado cognitivo. Llegaba al juicio con 95 años. La lentitud de la administración de Justicia genera este tipo de situaciones. Para escándalo, que no sorpresa, de buena parte de la opinión pública inclinada a pensar que siendo todos iguales ante la ley algunos no lo son tanto. En el caso que afectaba a Jordi Pujol fue él mismo quien en 2014 reconoció en el Parlamento de Cataluña que durante 34 años había ocultado al Fisco una fortuna, presuntamente heredada de su padre. Algunos de sus hijos que también están procesados, entre otros delitos, están acusados de tráfico de influencias. El primogénito de la que en su día en Cataluña fue conocida como la "Sagrada Familia" trataba de justificar las presuntas mordidas presentándose como "facilitador de información privilegiada".
El proceso al clan Pujol aporta nuevos detalles acerca de una forma de proceder en política qué en parecido registro a los que están revelando los relatos de los testigos incursos en los otros casos evidencian el desparpajo, la sensación de impunidad con la que durante años en España han venido actuando algunos responsables políticos. Sabíamos que el poder recrea condiciones para facilitar las ocasiones de corrupción pero se hace cuesta arriba comprobar que son tan frecuentes. En los casos que nos ocupan: tres de tres. Como para tomarse a broma el éxito de "Torrente, presidente", triste espejo de una época.
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