José Teo Andrés
La vivienda, antes que nada
La presencia del presidente Sánchez en la sesión plenaria de la 18 Asamblea de Naciones Unidas ha ofrecido tantos titulares por todos aquellos episodios que han rodeado su asistencia, que vamos a estar una semana comentándolos aunque probablemente no más, porque en esta sociedad vertiginosa en la que habitamos nada dura más de diez días. Pero si bien es verdad que las cosas son muy fugaces, hay argumento bastante para una no somera analítica que se inicia con el plante de Sánchez a Trump representando el afamado papel de líder mundial en la oposición al presidente de los Estados Unidos, hasta su afable saludo a Delcy Rodríguez con besos en las mejillas capaz de poner en guardia a varios analistas políticos –menos de los que él supone sin duda- y paso el comentarios de pasillos en el pleno del Congreso del que él, naturalmente, estaba ausente. Delcy es, para que nos hagamos una idea y simplemente, el ama de llaves de Trump en el Caribe y, entre sus obras mayores puede encontrarse su traición a Maduro al que servía, su cambio de poder por petróleo y su nuevo papel de perro de presa y guardián con caseta en el jardín, para impedir que la jefe de la oposición en el exilio obligado, María Corina Machado, se cuele en el país.
Sánchez es tan redomadamente narcisista, y tan fanático de sí mismo que prefiere salir retratado como repartidor de verdades y mentiras que medirse y no forzar situaciones que pueden mostrarlo como lo que es en realidad. Prefiere salir en la CNN puesto en evidencia y negándose a sí mismo, que renunciar a su lucimiento, a su envidiable figura de galán irresistible ante las cámaras expresándose en su inglés fluido. Mejor aún si lo entrevista Cristhiane Amanpour, una de las grandes especialistas de la cadena en política internacional aunque la presión de una buena periodista como Amanpour, una inglesa de origen iraní famosa por agudeza y combatividad en el diálogo, le haya metido en un lío y le haya obligado a reconocer por primera vez la responsabilidad de Marruecos en la invasión de Ceuta. Es el ego puro y duro del presidente el que le cuesta estos sofocos aunque ya estará en Madrid Patxi López para arreglarlo.
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