Fútbol

La selección femenina de fútbol hace historia y se clasifica para la final del Mundial

España se clasifica para la final del Mundial. // EFE
photo_camera España se clasifica para la final del Mundial. // EFE
La selección española se apoyó en una Salma Paralluelo electrizante y superlativa para eliminar a Suecia y meterse en la final del Mundial del frío en las Antípodas

Hay tormentas de verano. También las hay de invierno. Por eso, el rayo puede caer por igual en un agosto caluroso como el zaragozano que en uno frío como el neozelandés. En ambos casos, Salma Paralluelo es ejemplo. Es principio y es final. Es el fogonazo inicial que precede al trueno de Olga Carmona y a la historia del fútbol español en la otra parte del mundo. Allí, en las antípodas, la selección transformó en primavera el invierno austral de Auckland para clasificarse para la final del Mundial tras derrotar este martes a Suecia en un duelo emocionante, con alternativas y con un final rebosante de emoción en el que la pontevedresa Tere Abelleira volvió a estar presente durante los 90 minutos y a un nivel sensacional en el centro del campo.

Ese grito comunitario tras el gol de la capitana Carmona en el 90 es lo que queda. Porque lo que sale de dentro, lo más primario, lo que remueve las entrañas es lo más fácil de entender. Es a lo que el ser humano se entrega. Pero esta resolución no llegó por la emotividad. Llegó de un movimiento táctico que cambió el peligro del área y marcó el camino. En el minuto 57, Jorge Vilda retiró del campo a la ganadora de los dos últimos Balones de Oro. Nada menos. Pero la clave no era quién salía, sino quién entraba. Porque Alexia Putellas estaba firmando una buena actuación. Era solo que el choque requería vértigo. Pedía rayo. Y por eso, Salma Paralluelo le dio la vuelta como si fuera un calcetín.

España había dominado la primera media hora del partido con la pelota. Buena circulación, con velocidad de lado a lado y con Abelleira, Bonmatí, Putellas y Hermoso acaparando la posesión. Paciencia. Hubo un par de ocasiones y todo marchaba. Pero en unas semifinales de un Mundial eso no basta porque enfrente había un gran rival. El equipo nórdico empezó a apretar hacia adelante y a robar. Kosovare Asllani daba la pausa. Sus compañeras, la estampida. Así encontró Rolfo el primer remate y la respuesta de Cata Coll. El cambio de inercia se solidificó tras el descanso, con las mujeres de amarillo dominando con claridad. Hasta que el pronóstico del tiempo anunció la tormenta.

Las primeras acciones de Paralluelo dejaron claro que el guion iba a cambiar. Las centrales suecas habían vivido muy cómodas, sin una amenaza a sus espaldas ni una jugadora que sujetar en el cuerpo a cuerpo. Eso se había acabado. Una mujer de 19 años, que en 2019 estaba batiendo récords de España de 400 y 400 vallas, tenía ganas de talonar. Así, la futbolista del Barcelona convertía balones fáciles para la zaga sueca en inquietud y malos despejes. España volvía a dominar.

La atacante maña avisó con un zurdazo y con un cabezazo. Pero no era la única beneficiada de su propio desempeño. Su amenaza continua hundía a la defensa sueca y dejaba metros para que Bonmatí y una esplendorosa Jenni Hermoso jugasen entre líneas. Poco a poco, las llegadas comenzaron a sucederse. Era cuestión de tiempo. Y en el enésimo envío al área sucedió. Paralluelo cazó un balón suelto y con su pierna menos hábil, la derecha, lo arrimó al palo para culminar el plan.

El problema es que las demás también tienen planes propios. Y los ejecutan. Aunque se basen en colgar balones en busca de un milagro que llegó. Ya se sabe que cuando se toca la pelota en el área, las marcas se aflojan. Blomqvist, que acababa de entrar, empaló al vuelo una peinada dentro del área como pararrayos neutralizador. Pero si puede haber un milagro, por qué no va a haber dos.

Suecia sintió que había sobrevivido. Que tenía otra oportunidad en la prórroga. Esa relajación inconsciente derivó en un córner, que Abelleira sacó raso a la frontal para Olga Carmona. Con la defensa sueca hundida, había tiempo para pensar. Había tiempo para soñar. La lateral del Madrid chutó fuerte, alto, con toda la fe del mundo. Y aunque Musovic tocó el balón con la yema de los dedos, el rayo que había caído unos minutos antes se convirtió en trueno tras besar antes el larguero. Un estruendo gigantesco de un extremo del mundo al otro. La tormenta de España aún tiene otra cita antes de la calma de la historia.

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