Castelao, su xenofobia y la crítica en libertad

Castelao, su xenofobia y la crítica en libertad

Cuando hace siete años nos presentamos dispuestos a desmontar la falacias que amparan la imposición de lengua, no sólo los que viven de la lengua y los que la viven como una religión, sino también muchas otras personas, mostraron su perplejidad ante nuestra osadía; estábamos cuestionando un dogma. Poco tiempo después, más de 100.000 ciudadanos gallegos habían firmado nuestra propuesta, y ahora ya se habla abiertamente de los beneficios de lograr para Galicia una política lingüística homologable a las de todas las democracias con más de una lengua oficial. En esa labor resulta crucial que trabajemos para lograr una enseñanza sin adoctrinamiento nacionalista. El señor Burgos Toimil planteaba   en un artículo publicado en Altántico el sábado 28, su rechazo a las políticas de imposición de lengua, pero mostraba su disgusto porque yo dijera en mi blog que Castelao era un ideólogo excluyente y xenófobo, algo que hice apoyándome en párrafos de “Sempre en Galiza”, en los que se despreciaba a extremeños, a zamoranos, a castellanos, y en los que se apelaba a la pureza racial de los gallegos frente a la impureza de la sangre adulterada de los españoles. Mostré párrafos en los que se insultaba a las personas de etnia gitana, y en los que se aludía al mestizaje de los españoles con sangre semita como origen de su indisciplina, intolerancia e intransigencia. Recurrí a esos párrafos, pero podían haber sido muchos más de la misma obra. No eran frases sacadas de contexto; de hecho, toda la obra es un corpus ideológico de nacionalismo, que destila supremacismo y exclusión del diferente.
Decía Burgos que, aunque las mías fueran palabras rigurosas, Castelao goza de inmunidad. Yo creía que en las democracias no hay personajes inmunes a la crítica, creía que eso sólo sucede en las teocracias. Y eso lo afirmaba él al tiempo que decía admirarme por ser coherente. Si admira mi coherencia, no me pida que calle ante el hecho de que una obra de tan inapropiado contenido, se les presente a nuestros estudiantes como el paradigma del amor a Galicia.  
Es verdad, como dice el señor Burgos Toimil, que los gallegos somos una comunidad de emigrantes y que en muchas ocasiones no se nos ha respetado, por eso es importante que empecemos por respetar nosotros a los demás, y también a nosotros mismos, no sólo porque sea indigno que traguemos con la veneración a ciertos totems, sino porque Castelao era excluyente hasta el punto de negarles la condición de gallegos a los nacidos aquí que no tienen como su lengua el gallego, cargándose con ello el concepto democrático de nación. También muestra su desprecio hacia aquellos gallegos que no comulgan con el nacionalismo; dice de ellos que tienen la inteligencia de los monos. Contra el dogmatismo y los tabúes yo propongo el debate, y no soy la primera en proponerlo. Como colofón a un análisis sobre el racismo en la Literatura galleguista, decía el filólogo Miguel Salas: “Los galleguistas citados se estudian como clásicos en los institutos de toda Galicia. No solo no se les critica sino que son considerados “padres de la patria”. Teniendo en cuenta las ideas de racismo y exclusión que albergan sus obras, considero importante señalar los puntos delicados que una sociedad sana y democrática debería poder discutir.”
Castelao afirmaba que uno de los hechos diferenciales de ser gallego es el uso de la intuición frente a la razón. Señor Burgos Toimil, yo invito a leer y a razonar sobre “Sempre en Galiza” en lugar de intuirlo a través de la imagen edulcorada que hasta ahora nos han transmitido.

Por Adolfo Requejo Rodríguez. (Ourense) el
24/03/2017 10:56 h.