Atlántico
Gorilas en la nieve
Este año, en lugar de escribir una carta de amor, he decidido ahorrarme el sello y declararme directamente a la política nacional, que es la única que consigue tenerme pendiente del móvil a todas las horas del día. Porque, como en cualquier relación tóxica, promete mucho en campaña y luego deja mis expectativas en visto.
Mientras las tiendas llenan los escaparates de corazones, muchos ciudadanos cuentan céntimos en el supermercado, se enamoran de un trabajo estable que nunca llega y comparten piso con la inflación, que es la única pareja que no se va nunca de casa. A falta de ramo de flores, algunos reciben un recorte, un contrato temporal o una cita en la lista de espera que, con mucha suerte, llegará para el próximo San Valentín.
Nuestros partidos, eso sí, viven su propio culebrón romántico: hoy se juran amor eterno en un pacto, mañana se acusan de infidelidad ideológica y pasado mañana vuelven, porque nadie quiere quedarse solo en la foto del poder. Eso sí que es pasión y no lo de Romeo y Julieta.
Quizá ha llegado el momento de recordarles que el amor se demuestra con hechos: políticas sociales que funcionen, acuerdos que no duren menos que un ramo de rosas y menos teatro en el pleno y más compromiso con quienes no consiguen llegar a fin de mes.
Porque, si la política quiere de verdad conquistar de verdad a la ciudadanía, tendrá que empezar por cumplir algo tan sencillo como la primera cita: presentarse, escuchar y no desaparecer al día siguiente.
Pedro Marín Usón. (Zaragoza)
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