La fe conquistó la calle con el Cristo de la Victoria

devoción viguesa

Numerosos devotos acompañaron a la imagen en su procesión por el centro de la ciudad en un recorrido que se prolongó cerca de tres horas hasta su regreso al templo

Publicado: 02 ago 2026 - 20:26 Actualizado: 03 ago 2026 - 09:57
La fe conquistó la calle con el Cristo de la Victoria | Jorge Santomé

Con las campanas tocando a gloria, el Cristo de la Victoria se asomó por la puerta de la Basílica-Concatedral con el dosel de gala y con la cama floral de claveles rojos y blancos. Lo esperaban los miembros de la Brilat, que le hicieron el pasillo, ya que cuenta con el título de capitán general. Cientos de fieles se congregaron alrededor del templo para ser testigos de la salida. Lento y con mucha precaución, los costaleros lo sacaron por el estrecho paso, siguiendo las indicaciones de Carlos Borrás, el cofrade carrero. Vítores, aplausos y el himno de España lo recibieron ya en el atrio.

Abrieron la procesión los monaguillos vistiendo hábito de nazareno y llevando la cruz procesional, junto a los faroles conmemorativos. Le siguió la nueva generación de cofrades y José Enrique Pereira, portando el estandarte de la Cofradía, en compañía de sus hijos, Jaime y Elena, que sostuvieron los cordones. Veinte costaleros condujeron el carro. A continuación, con la directiva de la Cofradía, presidida por la hermana mayor, Marora Martín-Caloto, marchaba la pregonera de este año, Marián Mouriño. Un poco más atrás siguieron el alcalde Abel Caballero, con el bastón de mando y el gobierno socialista local en pleno. A Ana Laura Iglesias le encomendaron el pendón del Cristo, al ser la más joven de la corporación. Luis López Diéguez y Luisa Sánchez, presidente y vicepresidenta de la Diputación, encabezaron el grupo del Partido Popular, donde caminaron también la delegada del Gobierno, Ana Ortiz, y los concejales populares. Todos ellos fueron flanqueados por miembros de la Policía Local vestidos de gala. El cierre les correspondió a las autoridades militares y eclesiásticas, encabezadas por el obispo de Tui-Vigo, Antonio Valín; el obispo emérito, Luis Quintero, y el predicador invitado, el obispo emérito de Urgell, Joan Enric Vives, junto al párroco de la Concatedral, José Vidal, y monseñor Alberto Cuevas. La banda militar acompañó el ritmo de los fieles.

Cientos de devotos procesionaron delante y detrás del Cristo, entre los que no faltaron las damas del Cristo, de negro riguroso y mantilla; los trajes tradicionales portando las cestas con flores como ofrenda y caballeros de órdenes religiosas con sus propios estandartes. Gran parte de los fieles se incorporaron en O Berbés, donde esperaron pacientemente la llegada de la imagen portando las velas encendidas. Allí cayó una lluvia de pétalos.

La mayor expresión religiosa de Vigo y una de las más multitudinarias de Galicia se prolongó por el centro de la ciudad durante casi tres horas en lo que supuso una conquista de la calle por parte de la fe. En la rotonda de A Laxe, los barcos del puerto tocaron las bocinas todos juntos en honor al Cristo, con la imagen girada al mar. Los fieles acompañaron al crucificado en un recorrido circular que marchó por Cánovas del Castillo, Montero Ríos, Concepción Arenal, Colón, rúa Príncipe y finalmente Porta do Sol, lugar de la despedida. En el suelo, esperando el paso sagrado, lucía el tapiz floral realizado por la Asociación de Alfombristas de Ponteareas. Los coralistas de Acopovi también cantaron a la imagen, culminando su repertorio con el himno de la Cofradía. Finalmente, la talla regresó a la Concatedral por el Casco Vello, donde volverá al altar mayor.

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