Xosé A. Perozo
De la mentira al insulto
Días atrás Donald Trump prometió premiar a todos los estadounidenses adultos con 5.000 dólares si su partido triunfa en las elecciones legislativas. Una compra de votos a todas luces imposible de cumplir legal, administrativa y económicamente. Un fraude contra la democracia, una promesa para ignorantes y gente necesitada. Una mentira convertida en un insulto a la inteligencia. Pero ahí queda como la nata flotando en la leche cortada, contra la esperanza de que se cumpla la derrota de Trump el próximo tres de noviembre y el mundo vuelva a la razón.
Días después de la boutade del presidente americano, Borja Sémper ha prometido que si el PP gana las próximas elecciones generales y Alberto Núñez Feijóo quiere ser presidente de España desterrarán el insulto y volverá la política de la buena educación. Cualquier parecido con el pronunciamiento de Trump no es pura coincidencia sino un perfecto vaso comunicante ideológico por cuanto tiene de insulto al raciocinio de la ciudadanía española. Exacto, igual pero en pobre. Las hipotéticas compras de votos por parte de nuestra derecha nunca han pasado de piruletas de ilusión y de abundantes enchufillos laborales, semejantes al presunto empleo para el hermano de Sánchez pero impunes. Sin embargo ingenuamente el observador se pregunta qué cauces empleará el gobierno Feijóo para tamaña empresa. ¿Un decreto ley? ¿Una reforma constitucional que castigue el insulto con la pérdida de la nacionalidad? ¿Un proceso de reciclado que incluya la confesión, el propósito de enmienda y el rezo de un santo rosario todos los sábados por la tarde?
Interrogantes al margen la propuesta ha debido generar una amplia inquietud en la filas del PP y, no digamos, en la sede de Vox el partner necesario para ocupar La Moncloa. Feijóo no podrá contar entre sus futuros ministerios del buen hablar con personajes como Isabel Díaz Ayuso, Miguel Tellado, Ester Muñoz, Cuca Gamarra, Elías Bendodo, Cayetana Álvarez de Toledo, Santiago Abascal, José María Figueredo, Pepa Millán… La lista actual de insultadores pertenecientes a la fraternal derecha puesta en fila ocuparía desde los Pirineos hasta Cádiz. Incluso el propio don Alberto deberá asistir a un curso intensivo de retórica y conocimiento de la tradición cervantina en la lengua castellana.
Mientras el portavoz nacional del PP prometía la paz, no sé si firmando un armisticio con los hipotéticos restos del sanchismo, desde la sede nacional madrileña difundían un vídeo “creador de imagen” del líder donde se le ve caminando por una acera desierta y manifiesta a la cámara haber salido a la calle para hablar con la gente. Ausentes ciudadanos que le han transmitido la necesidad de cambio. Acto seguido, haciendo uso de la amnesia habitual, acusa al gobierno socialista “de ser el más corrupto de la historia”. En la secuencia siguiente entra en la sede de Génova 13 reformada con dinero negro y zona cero de la trama Gürtel. Sí, ya lo dijo Casado en su día: “los edificios no tienen culpa de nada”. Ni tampoco Feijóo es responsable absoluto de la historia del PP pero si quiere construir un futuro de “política de buena educación” bien debería empezar por hacer camino en el presente. El video como transmisor de imagen es el espejo de una mentira perfecta, un fraude y, por tanto, un insulto. La propuesta electoralista de Sémper ídem de lienzo. Nada nuevo. Desde su fundación la derecha trabajó la política de gestos para disimular sus intenciones, luego instituyó la posverdad y ahora, por el uso de la mentira y arrastrada por la extrema derecha, se pierde en el insulto imaginativo.
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