José Teo Andrés
Vigo estrena barrio
No me cansaré de repetir que la Historia hay que dejar que la cuenten los historiadores, pero hay acontecimientos históricos recientes de los que algunos tenemos memoria.
El 23 de febrero de 1981 es uno de esos acontecimientos que muchos vivimos en directo. Sí, yo estaba allí, en el Congreso de los Diputados aquel lunes de febrero a las 18,23 de la tarde cuando el teniente coronel Tejero entró en el Congreso durante la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo. En ese momento acaban de llamar a votar al diputado de UCD Manuel Nuñez Encabo. Gritos, disparos... "Quieto todo el mundo. !Al suelo!"
"Pero ¿quién ese ese?" pregunta alguien en la tribuna de prensa... y Miguel Angel Aguilar responde: "Tejero, es Tejero".
Recuerdo la hora exacta, las 18,23, es porque me encontraba flanqueada a mi derecha por Susana Olmo, periodista y amiga, y por la "maestra" Pilar Narvión que nos dijo: "Niñas, apuntad la hora, esto es lo que los libros de Historia cuentan que es un golpe de Estado". Y apuntamos la hora mientras un temblor nos recorría el cuerpo y el alma y Miguel Ángel Aguilar, exclamaba "Que vergüenza, que vergüenza...".
Todos, diputados y periodistas nos tiramos al suelo, solo tres hombres permanecen sentados: Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo. A las 18,25 Gutiérrez Mellado se levanta de su escaño y se enfrenta a los golpistas. Los guardias le zarandean y Adofo Suárez acude a defenderle y un guardia civil dice amenazante: "El próximo movimiento se mueve esto", y "esto" era la metralleta que llevaba en la mano.
El presidente y su vicepresidente vuelven a su escaño, pero de nuevo Adolfo Suárez se vuelve a poner en pie y se escucha un "se siente, coño. Que se siente".
Y allí en la tribuna de prensa y otros colegas, Charo Zarzalejos, Jordi García Candau, Raimundo Castro, Raúl del Pozo, Pedro Calvo Hernando, Victor Marquez Reviriego, Bonifacio de la Cuadra... y en el Congreso tambien Nativel Preciado, Pedro Fernández Cespedes, Rafael Luis Díaz, Manuel Hernández de León, Manolo Barriopedro, Javier Ayuso, Francisco Janeiro, Marisa Florez.... Recuerdo sus rostros con el mismo estupor que el mío, pero también la decisión de que pasara lo que pasara teníamos que contar aquello.
Recuerdo a Charo Zarzalejos muy nerviosa, con lágrimas en los ojos y a Pilar Narvión puesta en pie, decidida a acompañarla fuera de la tribuna de prensa para que se refrescara la cara y se tranquilizara y aquel tipo que no vestía del todo el uniforme de guardia civil apuntándonos a Susana y a mi, que en ese momento intentábamos sacar un cigarrillo del bolso y nos amenazó diciendo "cuidadito con las manos". Y a Pilar Narvión diciéndole "joven haga el favor de apartarse, menudo susto nos están dando. Voy a salir con esta niña porque necesita refrescarse. Así que hágase a un lado y no amenace a estas niñas". Y aquél energúmeno se apartó asombrado de que una señora le diera órdenes.
Hoy el teléfono móvil es una prolongación de la mano, entonces los periodistas nos teníamos que comunicar con nuestros medios a través de teléfonos fijos. Junto a la tribuna de prensa había una hilera de cabinas con sus correspondientes teléfonos y nos preguntábamos si aquellos guardias nos permitirian llamar.
Recuerdo momentos en los que el miedo hacía mella en nosotros. Y recuerdo que unos dias después del "golpe", tomando un café con Carrillo, le pregunté por qué no se había tirado al suelo y si no había temido por su vida, y su respuesta fue esta: "Estaba convencido de que me iban a matar, de manera que tenía que enfrentarme a ese momento. Además la actitud de Adolfo Suárez permaneciendo sentado en su escaño, defendiendo con ese gesto la dignidad como presidente del Gobierno me llevó a hacer lo mismo. Yo representaba al PCE, y durante todo el franquismo muchos camaradas habían sido torturados y aguantaron sin quebrarse, yo les debía comportarme como debe hacerlo el secretario general del Partido Comunista de España".
Otro momento especialmente duro fue cuando los guardias sacaron del hemiciclo a Suárez, a Carrillo, a Felipe González, Alfonso Guerra, Agustín Rodríguez Sahagún y les llevan a distintas estancias del Congreso.
¿Qué iban a hacer con ellos? Nos temíamos lo peor: que les pudieran matar.
No recuerdo si pasaron días, pero si recuerdo la ocasión en que Adolfo Suárez nos contó a Pilar Cernuda, Charo Zarzalejos y otras colegas lo que había sucedido cuando le sacaron del hemiciclo. Y lo que contó fue esto: "Le dije al guardia civil que me apuntaba que detuviera a Tejero, si era necesario por la fuerza. Le aseguré que no le pasaría nada porque era una orden que estaba recibiendo del presidente del Gobierno de España y que, por tanto, yo tenía autoridad para dar esa orden y asumir toda la responsabilidad si algo salía mal". Pero aquel guardia no se atrevió.
Aquella noche nos llegaban ecos de lo que sucedía fuera del Congreso a través de pequeños transistores que guardaban celosamente algunos diputados, entre ellos Fernando Abril Martorell.
Por eso supimos del discurso del Rey condenando el golpe: "La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determino en su día a través de Referendum". Y recuerdó que nuestros colegas fueron saliendo y nos quedamos siete periodistas: Pilar Narvión, Charo Zarzalejos, Susana Olmo, Pedro Calvo Hernando, Jordi García Candau y yo. Y decidimos que Pilar, Miguel Ángel y Pedro Calvo fueran a parlamentar con Tejero para que nos permitieran quedarnos.
No lo conseguimos y así, aunque los últimos, tuvimos que salir del Congreso.
Con Jordi García Candau he recordado en muchas ocasiones lo que hicimos aquella noche. El Congreso estaba rodeado y en el Palace se agrupaban políticos y responsables de las fuerzas de seguridad. Jordi me dijo: "Tenemos que entrar en el Palace". Era misión imposible porque no permitían entrar a nadie, pero me agarró del brazo y allí que fuimos. En realidad a Jordi se le ocurrió que, como no nos iban a dejar entrar por la puerta principal, la única opción era intentarlo por la puerta de empleados. Jordi es un hombre con mucho aplomo, y en aquella ocasión le recuerdo muy seguro diciendo a un guardia que custodiaba aquella puerta que éramos huéspedes del hotel y a aquel hombre, dudando, nos dejó pasar.
Horas más tarde fueron dejando pasar a otros colegas y hubo una rueda de prensa de un comandante de la Policía Nacional, no recuerdo su nombre, solo que era bajito y entrado en carnes, y que Jordi, muy serio, le preguntó si habían detenido ya al "delincuente" Milans del Bosch. La tensión del momento, el rebote del comandante diciendo que no le permitía que calificara a Milans de Bosch de delincuente y cómo Jordi García Candau, muy tranquilo, le fue refiriendo todo lo que había hecho y dicho Milans aquella noche que, por tanto, le convertía en un delincuente. Hubo unos minutos de tensión y confieso que pensé que a quien iban a detener era a Jordi García Candau.
Y así continuó aquella larga noche... y hemos llegado hasta éste martes 24 de febrero en el que el Consejo de Ministros ha aprobado la desclasificación de los documentos del 23 F. Un material imprescindible para reconstruir la historia de cuanto sucedió y de por qué sucedió. Algunos, lo que podemos contar es que aquella noche estábamos allí y lo que vivimos. Ni más ni menos.
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