Itxu Díaz
¿Qué tiene que ver con el racismo?
Entre los múltiples problemas que acorralan al presidente Sánchez y que le hacen huir de sus obligaciones con el país como de la peste, está evidentemente este hecho singular que reparte las múltiples causas que tiene pendiente de arreglar con la Justicia entre un buen montón de sedes judiciales, lo que le convierte en un hombre aún más vulnerable. El procedimiento llamado “caso mascarillas” es en verdad una de sus menos hondas preocupaciones porque no le afectan como posible colaborador aunque si le conviertan en un mentecato que no se ha enterado de nada lo cual tampoco es para sentir satisfacción. Pero el juicio de las mascarillas lo que hace es abrir la puerta a lo que va a venir después, y las declaraciones del señor Koldo -dispuesto a reconocer lo que sea con tal de salvar lo que queda de él- no hacen más que ayudar a averiguar por cual senda tirarán las situaciones posteriores. Resulta que las chistorras en efecto eran billetes de banco, y que la novia del señor Ábalos era una señorita de compañía de las que, en manada pasaban por la piedra de afilar del ministro que las iba catando según salían de la cola.
A Sánchez ya lo ha señalado Aldama como número 1 de las tramas. El 2 era Ábalos, el 3 era Koldo y el 4 era él mismo, pero esa situación no corresponde al caso que se juzga y por el que se le piden 25 años de prisión al ex secretario general, ministro y ocupante del Peugeot del pecado, a Koldo 15 y a él solo se le piden 7 en honor –así hay que pensarlo- al trato alcanzado con la fiscalía para largarlo todo y salir razonablemente bien librado. Sin embargo, lo que puede ser mucho más grave es lo que se va a conocer en el resto de los procesos donde al presidente se le van a solicitar las preceptivas responsabilidades. Aquí corre peligro de ser tenido por un imbécil pero en las próximas entregas puede ser señalado como corrupto, prevaricador y jefe de la banda. La solución adoptada por Sánchez es abandonar a su suerte el país que gobierna en el que la economía va bien y sin embargo la gente no llega a fin de mes y se mata en tren por vías deterioradas, y convertirse en héroe de la izquierda latinoamericana como deseaba ser reconocido hace días en Barcelona. Es una solución pero hay que darle una vuelta porque tiene más contras que pros.
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