José Teo Andrés
Vuelve la AP-9
Pues, dilecta leyente, la veo vistiendo la AR Wear, la nueva línea de ropa antiviolación inventada por unos emprendedores neoyorquinos, confeccionada con un material resistente a los cortes y que sólo puede ser abierta con una clave en la parte delantera.
Las feministas consideran que es una manera más de culpar a las mujeres que son violadas. Y es que si lo que se quiere insinuar es que son ellas las que van provocando con sus minifaldas y sus generosos escotes, bastaría con recomendar el uso del burka, pongamos por caso. Pues siempre puede haber un juez que justifique que el jefe ataque sexualmente a la secretaria, tras una opípara comida regada con un buen vino, con el consiguiente estado de euforia, y que ante la tesitura de encontrarse en la oficina con la chica mostrando un sonrosado muslamen, lo normal es que se haya dejado llevar por su alocada testosterona, o como justificó otro, la chica con su actitud (había accedido a viajar en el coche con sus acompañantes y sentada en el medio de ellos) , se pudo en situación de ser usada sexualmente.
Permítame que le comente dos controvertidas sentencias. En una el acusado de violación resultó absuelto porque el hecho de exteriorizar ante su ex novia su supuesta intención de suicidarse si no accedía a sus pretensiones sexuales, no suponía ninguna intimidación, pues el mal de la amenaza tiene que dirigirse hacia la víctima, su familia o persona con la que esté íntimamente vinculado. Al parecer no se valoró la posible coacción.
La segunda consideró que no había violencia ni intimidación por parte de su compañero sentimental para forzarla al coito ya que el maltrato por parte de éste solía ser habitual, así que no podía considerarse que utilizase la brutalidad para ese caso concreto ni con esa específica finalidad.
En cuanto a la prueba de que no hubo consentimiento por parte de la víctima, la jurisprudencia ha venido determinando que no es necesaria una resistencia heroica, pero en la práctica algunos jueces la vienen exigiendo.
Los expertos siempre han discrepado sobre si la víctima debe plantarle cara a su agresor o debe mostrarse sumisa para evitar males mayores. A efectos penales la resistencia justificaría la falta de consentimiento y según algunos podría hacer desistir al violador que suele buscar una presa indefensa, sin embargo, en otras ocasiones adoptar una actitud violenta puede desencadenar un trágico desenlace, en muchos casos por asfixia, al tratar el atacante de impedir que grite; y lo peor es que encima aquel resulte solo condenado por homicidio imprudente.
Lo deprimente es que, tras tantos estudios, al final se pueda llegar a la conclusión de que lo más efectivo contra este delito es el uso de las prendas antiviolación.
Contenido patrocinado
También te puede interesar