José Teo Andrés
Vuelve la AP-9
En las últimas semanas han tenido lugar una serie de acontecimientos en la parte norte de América del Sur que hacen que nuestras miradas se dirijan hacia aquella zona del mundo hispánico.
El pasado 31 de mayo se celebraron elecciones presidenciales en Colombia. Ningún candidato obtuvo la cantidad suficiente de votos (50% más uno) para ser proclamado presidente.
El triunfador por mayoría relativa fue el empresario conservador Abelardo de la Espriella, pero como el presidente saliente Gustavo Petro vio que no era de los suyos, declaró que había habido fraude y que desconocía los resultados.
Esto pudiera ser el principio de una grave crisis ya que los izquierdistas colombianos –fieles a su modo de comportarse- se niegan a soltar el poder a pesar del rechazo popular.
Al mismo tiempo, estamos en vísperas de que el próximo domingo 7 de junio se celebren elecciones presidenciales en el Perú. Unos comicios en los que se enfrentan dos candidatos prácticamente empatados en los sondeos: La derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez.
Todo hace esperar que el conteo final de votos será de “foto finish” puesto que, al ir ambos candidatos tan parejos, todo -absolutamente todo- puede pasar.
Simultáneamente, Bolivia está sufriendo una grave crisis puesto que opositores al régimen del empresario conservador Rodrigo Paz han bloqueado las principales carreteras de país exigiendo la renuncia del presidente quien apenas lleva seis meses en el poder.
Por lo pronto los Estados Unidos -y de manera especial el secretario de estado Marco Rubio- manifiestas una profunda preocupación por lo que está ocurriendo en dicho país andino.
Una preocupación no solamente por Bolivia sino también por Colombia y Perú
Y es que, tomando en cuenta la inestabilidad política que siempre ha caracterizado a los países de la región, pudiera darse una sorpresa que alterase drásticamente la situación geopolítica de la zona.
Imaginemos que el colombiano Gustavo Petro, insistiendo en que hubo fraude, se niega a entregar el poder a un candidato conservador y amigo de la libre empresa. Si eso hiciera, estaría imponiendo una dictadura personal muy parecida a la del narcotraficante Nicolás Maduro.
Imaginemos también que en Perú -aunque sea por un puñado de votos- gana el izquierdista Roberto Sánchez. Tendríamos a un populista haciendo alianza con Gustavo Petro.
Imaginemos también que ¡el colmo! La presión en Bolivia sube a tales extremos que acaba derrocando a Rodrigo Paz y facilitando que el poder lo tome un populista que bien podría ser Evo Morales quien está ansioso de tomar la revancha.
Si eso ocurriera, tres importantes países de la zona de los Andes como son Colombia, Perú y Bolivia se encauzarían por la senda del narco-populismo lo cual -quiérase o no- afectaría a la tímida apertura democrática que se está dando en Venezuela tras la caída de Maduro.
Es muy probable que estemos alarmados sin motivo y que a muchos de nuestros amigos lectores les parezca que exageramos.
No obstante, los movimientos que se están dando en aquella región son preocupantes y hacen que estemos muy atentos a lo que está ocurriendo.
Y es que un viraje drástico de regreso al populismo alteraría al mapa político y traería graves consecuencias a los países vecinos.
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