Manuel Orío
De susto en susto
Stellantis acaba de confirmar la apertura de una nueva factoría en el Norte de África, redoblando su apuesta por el continente vecino y en especial por el Norte árabe, en expansión social, económica y demográfica. Desde Marruecos a Egipto son unos 200 millones de habitantes, potenciales clientes para la empresa, cuyo horizonte está y estará cada vez más lejos de Europa y por muchos motivos. Entre ellos, la decisión comunitaria de apostar por los eléctricos y dejar de fabricar los coches de combustión, aunque eso está todavía por ver.
Argelia no se encuentra al otro lado del mundo y las relaciones con el país magrebí son estrechas, incluyendo una línea marítima desde Vigo con piezas de automoción. El pasado año, según los datos de la Autoridad Portuaria, el comercio de Vigo con Argelia alcanzó las 154.000 toneladas, de ellas el 90 por ciento de exportación, con un incremento espectacular del 51 por ciento sobre 2024. Argelia es uno de los mejores clientes de Vigo, incluso pese a las pésimas relaciones a nivel de Estado gracias a Doc PS y sus negocios con Marruecos con el Sahara como premio. Stellantis ya tiene una planta en Argelia y otra más en Marruecos, dentro de su plan de expansión que, inevitablemente, tendrá consecuencias en Europa. Y, por supuesto, en Vigo. En 2025 la factoría de Balaídos batió su récord de producción, lo que también valió para que el Puerto disputara el liderato nacional en carga y descarga de automóviles a Barcelona. Más coches producidos supone más riqueza para la ciudad, empleo y expansión de la terminal. Argelia no es una amenaza, sino una realidad. Y está ahí al lado.
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