Los que se van

Publicado: 11 mar 2026 - 04:00
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Cuando yo era un aprendiz en este oficio y acababa de llegar a una redacción de periódico de las de verdad, uno de aquellos viejos leones que la habitaban me dijo mirándome por encima de sus lentes de culo de vaso sujetos al puente de su nariz, que nosotros los periodistas éramos unos privilegiados. Ganábamos una miseria entonces, –ahora tampoco es que nos hagamos ricos en general- apenas dormíamos, fumábamos como cafeteras y la gente en su mayoría nos ponía a parir, así que no entendí yo bien el motivo de tanto privilegio y eso que no había hecho más que empezar. Me lo explicó unos días después en un bar, con barba de dos días, un cigarro en la comisura y el nudo de la corbata como una alcachofa plantada bajo el cuello de la camisa. “Mira chaval. Para que un tío cuente un partido de fútbol y le hagan caso, tiene que invitar a tazas a todo el bar. Nosotros no invitamos a nadie y se lo contamos a cientos de personas. Y además nos creen” añadió alborozado antes de invitarme él a la cerveza.

No tengo yo muy fijo a estas alturas de mi serena existencia si la gente nos sigue creyendo cuando le contamos lo que nos parece un partido de fútbol, aunque lo dudo porque estamos en unos tiempos en los que donde menos se ven los partidos es el campo y ya no son un secreto. Lo que sí tengo más claro es que muchos de los que reinventaron el periodismo después de tanto tiempo midiendo las palabras para no terminar el TOP, se nos están yendo. Hace unos días se nos fue Fernando Ónega, al que ahora consideramos con todo respeto y merecimiento lo que se dice un maestro. Y ayer se nos marchó Raúl del Pozo, uno de esos profesionales de este trabajo maldito que hizo del artículo de opinión una pasión y un modelo. Los demás que pertenecemos a esa generación heroica, que vamos trampeando y aguantando el tirón hasta que nos toque, tenemos por lo menos un motivo para tirar de legítimo orgullo aunque la nueva tendencia es no solo no mitificar aquella tarea, sino y si nos apuran, tratarla con cierto desprecio. Pero vamos a marcharnos llevando con dignidad el placer de haber rematado un trabajo bien hecho aunque los influencers de ahora no lo tengan en cuenta.

Menos mal que nos queda Portugal.

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