Nemesio Rodríguez Lois
¿Es legítimo el gobierno de Pedro Sánchez?
A medida que avanzan las investigaciones relacionadas con el accidente de Adamuz, se abre paso la sospecha cada vez más acuciante de que existen tramos del trazado ferroviario del país que distan mucho de encontrarse en estado lo suficientemente bueno como para soportar el esfuerzo de un tráfico constante. En pocas horas, dos jóvenes maquinistas han perecido desempeñando su trabajo, y el colectivo de conductores de tren no solo está hundido por la tristeza de las pérdidas, sino justamente preocupado por su seguridad. El ramo de maquinistas exige otras condiciones para salir a la vía y tiene toda la razón. Los sucesos de estos días han demostrado la debilidad de una infraestructura crucial en el desarrollo de un país e introducen la sospecha de que lo que los administrados creían estaba en situación ejemplar está en realidad obsoleta y se ha convertido además en un peligro cierto. Y eso es dramático.
El país está en shock porque en dos situaciones de esta naturaleza se han producido cuarenta y tres muertos y un centenar largo de heridos. Se trata de una tragedia que ha caído como una bomba en el seno del cuerpo social porque la sucesión de hechos que parecen perfilar las tragedias obligan a pensar que subirse a un tren en pleno primer cuarto del nuevo milenio es algo parecido a la ruleta rusa. Hoy, y vistos los antecedentes, uno monta en tren y no las tiene todas consigo y eso es simplemente atroz.
Da la impresión y no es fruto de la fantasía, de que el accidente de Córdoba ha modificado el modo de pensar de los españoles que ya no solo expresan su descontento por decisiones puramente políticas más o menos arbitrarias, como la distribución económica en las comunidades autónomas, los decretos de amnistía o los casos de corrupción y mala praxis, sino por el conocimiento cada vez más intenso de que estamos siendo engañados y se nos está haciendo creer desde las altas esferas de poder, que vivimos en un país cuando en realidad vivimos en otro. No somos, según demuestran estos últimos tremendos episodios, una nación de primer nivel sino una carcasa de apariencia tras la que se esconden fallos propios de territorios atrasados y mal gobernados. Esto no es una broma y hay que comenzar a meditarlo seriamente.
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