Tres discursos del Rey

Publicado: 17 ene 2026 - 01:40
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Opinión. | Atlántico

No sin cierta sorpresa me veo siguiendo con creciente interés los discursos del rey Felipe VI. Acostumbrado a las tradicionales alocuciones planas, llenas de formalismos conceptuales y rigideces formales, y todavía con el recuerdo del desgraciado discurso real del 3 de octubre de 2017, con ocasión del desbordamiento soberanista en Cataluña, había perdido toda esperanza de que alguna de estas intervenciones pudiera salirse del guion predecible.

Supongo que la inoportuna y ceñuda regañina por la cuestión catalana, como la necesidad de enjugar los numerosos desaguisados paternos, han obligado al gabinete del último Borbón a un notable esfuerzo de actualización y búsqueda de perfiles propios. Por eso, el discurso que Felipe VI pronunció ante la ONU, el pasado mes de octubre, cumpliéndose 325 años de la llegada de la dinastía borbónica a España, contiene algunos de los párrafos más vibrantes de cualquier intervención anterior. Cuando Felipe VI dijo que “nos cuesta comprender lo que el gobierno israelí está haciendo en Gaza”, exigiendo parar aquella “masacre”, sus palabras trasladaban el sentir de la mayoría. En el inmenso salón de sesiones de la ONU, una pecera en tonos verdes en pleno corazón de Manhattan, el rey de España hablaba con una claridad y cercanía inusitadas. Sobreponiéndose a las limitaciones que acompañan a un jefe de Estado sin poderes ejecutivos, el rey condenaba con palabras y gesto firmes la deshumanización del gobierno israelí en Gaza. Quizá, desde la noche del 23F de 1981, la sociedad española no se había visto reflejada de igual manera en su rey. No sería la última.

En el pasado discurso de Navidad, Felipe VI incidía de manera particular en la necesidad del diálogo. “Las ideas propias no pueden convertirse en dogmas ni las ajenas en amenazas” y añadía, después de señalar la “inquietante crisis de confianza” en la democracia, que la bronca política provoca “hastío, desencanto y desafección” en los ciudadanos. Esta misma semana y con motivo del Spain Investors Day celebrado en Madrid, el rey ha afrontado las dificultades por las que atraviesa el libre comercio. En este foro con inversores extranjeros, reivindicó la estabilidad, certidumbre y apertura económica como valores amenazados por las “prácticas que creíamos que ya no formaban parte del menú estratégico y comercial, o que estaban desapareciendo progresivamente, que ahora regresan con fuerza y de manera preocupante”. No dudó en afirmar que “España sigue manteniendo un firme compromiso con el libre comercio y la cooperación internacional”, hasta el punto de considerar la apertura “no como una vulnerabilidad, sino como un activo estratégico”.

Alguien pensará, y con razón, que es el gobierno quien escribe los discursos del rey, pero qué bien resuenan estas palabras en quien, hasta ahora, ha logrado sustraerse al habitual y goyesco duelo a garrotazos.

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