En busca de la felicidad

Publicado: 17 ene 2026 - 01:40
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Opinión. | Atlántico

Un día, uno de sus profesores en sus tiempos de colegial, preguntó al joven John Lennon qué le gustaría ser de mayor, a lo que el alumno respondió que le gustaría ser feliz. La inestable existencia de Lennon, sus dudas, sus contradicciones y sentimientos, su timidez enfermiza, su desorientación permanente, el abandono de su padre, la pérdida de su madre y su trágica prematura muerte conducen a pesar que no lo logró al menos plenamente, pero también muestra lo complicado que es eso de alcanzar la felicidad, una condición que no suele abundar entre las bondades de los seres humanos. Habitualmente, se identifica de manera errónea, la felicidad con el bienestar material. Con la estabilidad económica, el ejercicio del poder, el triunfo en los negocios o la vida regalada, situaciones estas que proponen también una secreta inquietud o el miedo cerval a perderlas. Eso debe estar pensando Florentino a la vista del precipicio por el que se ha despeñado su Madrid –y el mío- y que le está arrastrando a una caída personal más profunda todavía porque según la ley de Murphy esto no ha hecho más que empezar. Se le nota en el gesto prieto y en un proceder cada vez más huraño, que no hay felicidad en su vida y que no tiene mucha pinta de reconciliarse con ella como sigan amontonándose los fracasos en el campo y en los despachos.

Hace unos días he leído que hay una catedrática emérita de Historia del Arte llamada Pilar Baselga que ha decidido dedicar su existencia a demostrar que la esposa del presidente del Gobierno no es Begoña sino Begoño, una afirmación persistente y enconada que puede costarle una condena a presidio por su marcado acento de odio, la posibilidad de calumnia y la endeblez de sus argumentos que solo buscan amargarle la existencia a la primera dama y de paso, a su esposo al que también se le está escapando a chorros la felicidad y mira que eso se nota en cuanto su ausencia ya no solo carcome la serenidad interior sino el propio cuerpo.

Sánchez es, en efecto, un caso muy llamativo de resistencia numantina aún a costa de una felicidad compartida y serena que el primer ministro podría recuperar simplemente convocando elecciones y marchándose con su señora y si la UCO no lo impide, a dar un largo paseo en barco por cualquier paraje ideal, desde las Islas Canarias hasta a las Bahamas. Él se lo pierde.

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