Rafael Torres
Por las malas
Viajar a Barcelona en tren supone el mismo tiempo hoy que hace 20 años, sin apenas mejoras, en el trayecto más largo de cuantos hay hoy en la red nacional, con cerca de mil kilómetros. Durante años se le denominó el Shanghay Expréss, casi como una broma por la larga duración del viaje hacia el Este. Viajar a Madrid ha mejorado mucho en ferrocarril, pero está todavía muy lejos de lo prometido. Es una hora y 20 minutos menos que hace diez años y 27 minutos menos que hace dos, cuando entró en servicio el Talgo Avril, el tren tipo AVE. Pero tampoco se esperan mejoras: el compromiso del Gobierno hace 20 años era comunicar Vigo con Madrid en poco más de tres horas. Diez años después se fijó en tres horas y cuarto y hace cinco en tres horas y 35 minutos. Lo último, tras la supresión de paradas intermedias en Ourense, son las tres horas y 50 minutos actuales, a unos 15-20 minutos de la última frontera prometida. Es posible que en dos o tres años, cuando termine la obra en la estación de Ourense, se puedan limar algo más de cinco minutos, al evitarse la parada para el cambio del ancho de vía, pero no mucho más. Esta es la realidad, que solo podría cambiar en dos circunstancias. Una, improbable/imposible, con la construcción de la variante de Cerdedo, que reduciría a 45 minutos el trayecto a Ourense, frente a la hora y 15 por Santiago. Pero Cerdedo sería para 2040 o más, en el hipotético caso de que hubiera decisión política para invertir 3.000 millones y que haya visto bueno ambiental, lo que no está garantizado. La otra posibilidad es la salida sur y mejorar la vía del Miño, que reduciría a una hora el trayecto hasta Ourense y a tres horas y diez a Madrid. El Ministerio de Transportes parece que apuesta por esta solución, con una inversión importante, aunque más reducida y viable, pero el Concello vigués mantiene el todo o nada por Cerdedo. Me temo que será nada.
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