José Teo Andrés
Lo que dicen los que saben
La relación de los vigueses con Vitrasa es un amor/odio de manual. No conozco a ningún vigués que hable bien de la compañía. Tampoco un caso de mimetización igual con una empresa: todos los vigueses llaman vitrasas a los buses urbanos, aunque circulen por Madrid. Quizá todo se remonta a la injusta desaparición de los tranvías en una maniobra durante el mandato del alcalde Portanet, que era tan popular como autoritario, quizá el más de la historia reciente local, y que acabo de un plumazo con los trenes urbanos por aquello de la modernidad y algo más, porque el asunto acabó con denuncias y condena para una buena parte de la corporación. Y eso que era en pleno franquismo.
Treinta años después la propia empresa Tranvías Eléctricos de Vigo que había sido desprovista de la concesión, intentó recuperarla, pero sin éxito: su propuesta, que incluía la recuperación de una línea ferroviaria, fue descalificada por los técnicos municipales, que dieron su bendición a la continuidad de Vitrasa. Aquella derrota fue dulce para Tranvías, que empleó el dinero en la construcción de parkings, negocio boyante y en expansión. Era un dinero que había ganado tras un pleito con la Xunta, que se había hecho con sus terrenos de la vía entre Vigo y Baiona para construir la penosa carretera del litoral, ma llamada “autovía”. Los jueces dieron la razón a la empresa, lo que se sustanció en una indemnización multimillonaria que no resucitó a aquellos trenes eléctricos, pero sí a la sociedad.
Vitrasa con toda seguridad va a optar a un tercer contrato, por nueve años en esta ocasión, así que los vigueses pueden hacer apuestas sobre si los buses verdes continuarán o no prestando el servicio. Hay que decir que la extraña y problemática relación de los vigueses con Vitrasa es un poco como la que guarda Doc PS con la verdad o ZP con la defensa de la democracia, véase sus éxitos en Venezuela, Marruecos, Puigdemont y otras excrecencias.
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