Guillermo Juan Morado
Odisea
El viejo teórico de la guerra Carl von Clausewitz afirmó en su clásiico libro Sobre la guerra que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Se que es una frase ya gastada por el uso y repetida en todo tipo de circunstancias, pero el problema que tiene es que es verad. Acabamos de comprobarlo con la invasión de Ceuta por miles de jóvenes marroquíes , muy probablemente dirigidos allí con la connivencia de su rey, con la intención de mandar una señal de fuerza al gobierno español, sea con la intención de que deje de acercarse al gobierno argelino, sea para demostrar que aún tiene capacidad de desestabilizar a voluntad al gobierno español. En vez de intentar hacerlo por medios diplomáticos convencionales, dado que carece de capacidad para hacerlo, hace uso, como defendía el gran prusiano, de la guerra para conseguirlo. Eso sí el astuto y experimentado rey marroquí no usa de la guerra convencional con aviones, tanques y cañones, sino de las formas modernas de hacer la guerra, que tan bien supo ver otro gran estudioso de la guerra, el historiador israelí Martin van Creveld, en un libro que lleva el título de este artículo. El combate moderno es indirecto y a distancia, usa de las redes sociales para difundir bulos e influir en elecciones, lleva a cabo ataques informáticos que alteran el funcionamiento de servicios básicos en los países atacados. También apoya a grupos terroristas en atentados estratégicos contra sus rivales , eso si nunca reivindicados , o hace uso como se puede ver de los immigrantes como arma de desestabilización política.
Esta última forma de guerra ha sido usada en varios “conflictos” recientes. El gobierno bielorruso, probablemente en connivencia con el ruso, por poner un ejemplo, acumuló grandes cantidades de inmigrantes de varios países en la frontera polaca, para intentar desestabilizar a su gobierno, marcadamente antirruso. Pero es Marruecos quien parece haber usado con más acierto este tipo de arma híbrida, al organiza, o tolerar cuando menos, asaltos de inmigrantes desarmados a las ciudades españolas de Ceuta y Melilla. No son invasiones armadas, por lo que la respuesta del gobierno español no puede ser desproporcionada, usando armamento letal, igual que aconteció en la marcha verde de 1975, por cuestiones de política interna, pues le costaría la pérdida de apoyos clave en su gobierno opuestos a ese tipo de medidas, y en el ámbito externo tampoco podría contar con el apoyo de todos sus socios europeos. Esta estrategia está pensada para desestabilizar sin entrar en guerra convencional, algo que para cualquier régimen político tiene mucho peligro, pues perfectamente podría perderla, con las consecuencias que esto conllevaría para su clase gobernante.
En cualquier caso una respuesta no adecuada a la naturaleza de la agresión tendría consecuencias no deseadas para quien las plantease. El profesor Van Creveld dice que los estados deberían crear formas de respuesta adecuadas a este tipo de desafíos, diseñando a su vez mecanismos de guerra híbrida para combatirlos. En el caso de que se probase que el gobierno del país vecino ha estado implicado se podría usar mecanismos de propaganda a través de las redes sociales para desestabilizar internamente al al gobierno marroquí, aliarse con sus rivales en la zona, como Argelia o los saharauris, o adiestrar a la población en formas de resistencia civil, como parece que han hecho al recluirse en sus casas y cerrar las tiendas, dejando sin víveres a los invasores. El problema, que también señala el profesor, es que los estados modernos parecen no ser capaces de adecuarse a estas nuevas realidades, o lo hacen muy lentamente. Les va en ello su supervivencia a medio y largo plazo.
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