José Teo Andrés
La universidad exitosa
En el asfalto de la Puerta del Sol y ante la mirada quieta del rey Carlos III que, montado en su caballo, observa desde una posición privilegiada esta rebelión popular contra el poder como a él mismo le ocurrió cuando lo del motín de Esquilache, se han dado cita personajes de diversos pelajes y desde luego, no todos “perroflauta” como parecía ocurrir en el episodio de mayo de 2011. En marzo de 1766, el primer ministro Esquilache, de origen napolitano, mandó que, en consonancia con una nueva forma de actuación social, los hombres recortaran sus capas y armaran en tres picos sus sombreros gachos para evitar embozados y malandrines al amparo de la oscuridad. La respuesta fue feroz, duró dos días de bronca en la vía pública, hubo muertos, le costó el puesto al italiano, y el rey procuró desde entonces pisar Madrid lo menos posible por si se repetía el sofoco. Por eso, lo de estos días no es nuevo, tiene antecedentes y ha ido evolucionando en su forma pero no en su fondo. Más de dos siglos después de aquella larga y dramática algarada, vuelve el pueblo esta vez a la Puerta del Sol como en 2011 –el motín contra Esquilache fue en la Plaza Mayor- y surge también el intento de interpretar sus motivaciones. Si en el primero de ellos fue la defensa de la vestimenta española, el odio al ministro napolitano y la subida del pan, en 2011 la población se movió a favor de un pueblo pisoteado por el capital, las clases pudientes y la tiranía de los bancos. Queda ahora por determinar el verdadero espíritu de esta nueva acampada que no será la última si tenemos en cuenta unos antecedentes que no dejan resquicio a la duda.
Tras el campamento de la Puerta del Sol, como en el caso de Esquilache y en el de los indignados, hay naturalmente estrategia, consignas, medios y cerebros. También los hay hoy y quizá pueda pensarse que está la izquierda de la izquierda. Puede ser, pero también cabe reflexionar sobre ello porque hoy, la izquierda de la izquierda también es gobierno. A falta de análisis futuros, parece que lo más afinado puede ser esa pregunta que vuela al viento y resuena en los oídos de Pedro Sánchez. “O te pones al lado de la gente o de los especuladores”
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