Lo que subyace

Publicado: 01 nov 2026 - 04:01
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En esta cadena de iniquidades que está rodeando el comportamiento del Gobierno de España tras la catástrofe ferroviaria de Urda, existe un concepto que lo abarca todo y que señala como ningún otro en dos legislaturas, la perversidad de Pedro Sánchez no ya como jefe de Gobierno sino como ser humano. Es imperdonable y vergonzoso que ningún representante de su Ejecutivo estuviera presente en el emocionante acto del funeral celebrado en la parroquia de San Juan Bautista de esta localidad toledana que se ha distinguido por volcarse desde el primer momento en socorrer a los accidentados, que ha oficiado el arzobispo de Toledo con la participación de la mayor parte de los vecinos de este pueblo ejemplar, y la presencia de personalidades entre las que no ha faltado el presidente regional, Emiliano García Page y representantes de todos los colectivos que han intervenido en las labores de rescate desde la Guardia Civil y Protección Civil hasta la UME, Policía Nacional, bomberos, sanitarios y una larga lista de entidades implicadas en el salvamento. Es aborrecible que el ministerio de Fomento desarrollara desde el primer momento un operativo orquestado para tratar de soslayar su responsabilidad en el suceso, culpando desde el primer minuto de la hecatombe a un solo operario del centro de control del que, para mayor iniquidad, se manifestó su nombre. Y estremece saber que un ministro de Transportes bajo cuyo mando se han producido dos accidentes horribles en nueve meses que han costado más de cien muerto, sigue al mando del departamento por orden expresa de su presidente el mismo sujeto que unas horas antes reconociera públicamente que aquello no podía tolerarse, añadiendo para que no hubiera dudas, que tales situaciones habían restado la confianza de sus usuarios en la utilización del AVE. Pero todo ello palidece ante todo lo que en estas actitudes subyace. A Sánchez no le importan las muertes, ni el horror ni las familias cercenadas. Le importa él y su futuro político, sus posibilidades de repetir y sus expectativas electorales. Por eso deja al abrasado Puente en su sitio y por eso exige una estrategia que le libre de responsabilidades aunque sea ruinoso para los demás. Ese es Pedro Sánchez. Da miedo.

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