Jacinto Seara
¿Podemos gastar nuestro dinero como queremos?
De la presunta trama de corrupción del Caso Mascarillas emerge un fantástico, y sórdido, mundo de soluciones: todas las empresas públicas involucradas que contrataron de aquella manera a Jésica Rodríguez y a Claudia Montes, "Miss Asturias", las ofrecían. Así, del lado de Jésica, INECO se dedica a las "soluciones integrales", y Tragsatec a las "soluciones tecnológicas", igual que LogiRail, que fichó a la Miss para no hacer otra cosa que cobrar la nómina. Nadie puede decir que INECO, Tragsatec y LogiRail no ofrecieron a las amigas de Ábalos unas satisfactorias soluciones.
Todo nace, como no podía ser de otra manera, de otra empresa, ésta privada, la de Aldama, el corruptor, que no se anduvo con rodeos a la hora de ponerle el nombre: "Soluciones de Gestión". El caso es que, entre unas soluciones y otras, acertaron a encontrar la que fue gestionando el traspaso de dinero público a bolsillos privados mediante diversos e imaginativos ilícitos. Ábalos, el recomendador de las muchachas, declara que no sabía a qué empresas las recomendaba, pues dejaba en manos de Koldo sus prometedores destinos laborales. Otra cosa era quién le pagaba el cuco apartamento a Jésica en la Torre de Madrid, pero eso y otra porción de cosas a cual más chunga es lo que el tribunal anda tratando de dilucidar.
De la eficacia de las soluciones de esa empresas que las tenían de todas clases, tecnológicas, integrales, de gestión, no puede dudarse, cuando menos en los tocante a las enchufadas, un aquí te pillo, aquí te contrato, pero las soluciones que ideó el PP para hacerse con los papeles de Bárcenas que comprometían a su cúpula dirigente fueron, si cabe, más rupestres, más groseras, como se va comprobando en lo de la Kitchen que también se va viendo éstos días.
Si lo de las mascarillas es un caso de corrupción muy grave, siendo lo de los líos sentimentales de Ábalos y sus anexos de pisitos, viajes y enchufes lo de menos, lo de la Kitchen lo es más aún, pues desvela nada menos que la conversión en delincuentes de los comisionados por la sociedad para perseguir el delito, y ello en beneficio del partido entonces gobernante. Mascarillas y Kitchen revelan una y otra, en fin, una sórdida fantasía de soluciones.
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