Fernando Ramos
¿Se atreverán a expulsar a Felipe González del PSOE?
Primero colocaron a los suyos en el Consejo General del Poder Judicial y en Tribunal Constitucional para garantizar que, si se torcían las cosas, siempre habría una oportunidad de "enderezarlas", y luego fueron a por los jueces - García Castellón, Marchena, Peinado, Hurtado, Biedma, Peinado y otros muchos- porque decidieron investigar y aplicar la ley independientemente de a quién afectaba.
Luego fueron a por los empresarios como los de la CEOE, excluidos del pacto y de la negociación social, o aquellos que, como Amancio Ortega o Fernando Roig, demostraban que la empresa privada crea empleo y riqueza. No sólo ellos, también los autónomos sufren medidas económicas y recaudatorias que amenazan a todos los emprendedores. Además, okuparon todas las empresas públicas con personas muchas veces sin experiencia ni capacidad de gestión, pero acreditada fidelidad perruna, y también algunas privadas usando el dinero de todos los españoles.
Casi cada dos por tres resucitan a Franco, felizmente enterrado, como comodín para hacer olvidar sus errores. Como ha señalado alguien irónicamente, fue terminar de conmemorar el fallido "Año de Franco" y se desbordaron los pantanos.
Seguidamente acabaron con el Parlamento, eludieron la Constitución reiteradamente, aprobaron leyes de baja calidad o a la medida de sus intereses y premiaron a los delincuentes en lugar de hacerles pagar sus delitos.
Más tarde vinieron los periodistas, los asimilados y las "cloacas mediáticas". Vicente Vallés, Susana Griso, Carlos Herrera, David Alandete, Ketty Garat, Pablo Motos, Iker Jiménez, Ana Rosa Quintana, Juan del Val, Inda, Vito Quiles y muchos más. Incluso se plantean limitar la libertad de información, censurar sus publicaciones, excluirlos de viajes oficiales y ruedas de prensa, retirar la publicidad institucional a los medios críticos y clasificarlos en "buenos" y "malos". Deciden ellos, claro, después de okupar todos los programas informativos de los medios públicos.
Siguieron con los obispos y la Conferencia Episcopal. Cuando su presidente pidió elecciones ante el bloqueo institucional le mandaron que se callara y volviera al confesionario. Cuando apoyó la regularización de inmigrantes propuesta por el Gobierno, callaron. Cuando se trata de poner en portada los abusos intolerables de algunos sacerdotes, en primera línea; cuando se trata de acabar con los abusos en las familias, los clubes deportivos o los centros públicos, silencio absoluto.
Han ido a por los médicos, maltratados en la pandemia y ninguneados ahora por una ministra médico que ni los escucha ni les atiende ni hace nada por solucionar la crisis de la sanidad y que quiere acabar con la sanidad privada al precio que sea.
Antes de todo eso y cuando todo eso no era suficiente, atacaron a muerte, sin reparar en los métodos, incluso burlándose pública y personalmente de ellos, a los políticos de la oposición -sobre todo Feijóo, Ayuso siempre, Ábalos, Mazón-. Mientras, se arrodillaban, pactaban, convertían en socios de referencia y les daban todo lo que pedían a aquellos con los que habían jurado que nunca pactarían: Podemos, Bildu, los independentistas. Siempre pensando en lo mejor para España.
Y cuando todo eso no resulta suficiente van a por los suyos, los socialistas que no se arrodillan ante Pedro Sánchez, pero a los que no pueden echar del partido. A Felipe González porque si lo hicieran certificarían el final del PSOE. A Lambán porque está muerto. No se puede ser más miserables. ¿O sí?
"Primero vinieron por los comunistas y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas y yo no hable porque no era ni lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron a por mí y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí". Se le atribuye esta frase a Bertold Brecht, aunque no es suya. Pero resume bien lo que le puede pasar a esta sociedad, a los militantes del PSOE y a sus votantes si siguen sosteniendo a quien acabará viniendo a por todos y entregándolos por un puñado de votos. La pregunta es quiénes serán los próximos.
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