Manuel Orío
Horas de dolor y reflexión
Hace exactamente dos meses, realicé el trayecto de alta velocidad entre Madrid y Sevilla. Aquel que ahora parece maldito tras dos trágicos accidentes en menos de 10 meses. He de reconocer que tuve cierta inseguridad en el viaje. Aprovechando un periodo vacacional, quise visitar Málaga. Decidí ir en tren, al no existir alternativa desde Peinador. El primer trayecto Vigo-Madrid en el criticado S-106 resultó ser de lo más placentero. Sin sobresaltos ni vibraciones.
Tras una breve escala en la capital y con bastante puntualidad, me subí en el tren que me llevaría a Málaga-María Zambrano. Para ello, recorre la línea Madrid-Sevilla y se desvía en Córdoba. Unos 15 minutos después de partir y sentado en ventanilla, con ya el tren tomando velocidad, el cruce de otro tren de alta velocidad provocó un estallido debido a la poca distancia entre las vías, unido a una leve vibración del vagón. No fui el único que se sobresaltó. Con Adamuz aún reciente, esos pequeños detalles crean una sensación de inseguridad en un punto ya golpeado por la tragedia. Lo peor fue repetir esa misma situación cada 10-15 minutos con el cruce de otro tren a toda velocidad. A la vuelta, elegí un asiento en pasillo.
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