Manuel Orío
Horas de dolor y reflexión
A medida que pasan las horas vamos conociendo con mayor propiedad las circunstancias que han propiciado la tragedia de Urda y vamos advirtiendo cada vez con mayor dolor, que pudo ser evitada. Incluso sospechamos que en un país de la situación del nuestro, una concatenación de carencias mecánicas, técnicas y humanas, no debería ser posible si cada una de estas instancias funcionara con la regularidad y el rigor que debería exigirse a una administración que se encarga de cuidar y proteger los servicios públicos de una nación de primer nivel que es lo que nos hemos creído hasta ahora y que ahora las circunstancias nos demuestran que hemos vivido engañados.
La catástrofe del AVE en la provincia de Cuenca que contabiliza 69 víctimas morales y 175 heridos de diversa consideración, sucede a otra anterior ocurrida en el término de Adamuz en la de Córdoba. En este nuevo caso el trayecto era el de Madrid-Sevilla y en el anterior el Madrid-Málaga lo que inspira la casi certeza de que la conexión con Andalucía está en una situación lamentable. Noventa días separan una y otra tragedia que suman más de un centenar de víctimas entre las dos y la certeza de que lo que en tiempos fue nuestra joya de la corona como circuito de Alta Velocidad puntero y digno de ser admirado, se ha convertido en un infierno de abandono y zozobra. Desde que en enero de este año se produjo el accidente de Córdoba, el tráfico ce AVE ha perdido un 15% de sus pasajeros que, en números redondos, puede cifrarse en 3 millones de usuarios. La lectura de esta hecatombe comercial produce desasosiego y aún no se había producido esta segunda y definitiva catástrofe. El tráfico Madrid-Sevilla descendió en un 30%, el Madrid-Málaga, un 61% y el Madrid-Barcelona, un 17%. Una ruina completa que se suma al doloroso desastre humano que nos tiene a todos conmocionados y temblando,
¿Debe dimitir el ministro? Es evidente que sí y cuanto antes. Su gestión ha sido desastrosa y si se queda, a la vista de sus comportamientos posteriores a este suceso aterrador, no va a aportar nada porque lo que tenía que hacer no lo ha hecho. Ha hecho el vago, jugando al twiter y metiéndose en todo lo que no debía meterse salvo en su trabajo. Que se vaya.
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