La salud institucional

Publicado: 08 oct 2026 - 01:30
Opinión.
Opinión. | Atlántico

Tengo un amigo con el que comparto muchas cosas incluyendo nuestra predilección por la vieja música, que es mucho más permeable y confiado que yo. Mantiene su fe intacta en las instituciones, y está completamente seguro de que un país de la calidad democrática y la robustez de los pilares que sostienen nuestro Estado de Derecho, no corre peligro alguno de ser manipulado por las acciones u omisiones del poder político al que le toque administrar en cada momento. Esa confianza en el ámbito institucional que le honra y ejemplariza también me gustaría seguir manteniéndola a mí por ejemplo, pero un buen abanico de razones en contra me conducen inevitablemente a la duda. Es cierto que la Judicatura en general se ha fortificado apelando a su necesidad de independencia, y ha tenido el enorme valor de conducir al banquillo al fiscal general del Estado, a la mujer y al hermano del presidente, a dos secretarios generales del partido que gobierna y a un selecto grupo de poceros y activistas en la oscuridad incluyendo el guardaespaldas de un ministro, su espía y muñidora y varios operadores de ventajas y actividades económicas ilícitas y falta aún por confirmar el destino que aguarda a un ex presidente y parte de su familia más próxima. Pero ese rasgo de profesionalidad y sentido del deber que han mostrado instituciones desde los jueces a un importante y valeroso sector de la Guardia Civil, cierta prensa, el Cuerpo de Policía, el Ejército e incluso la Corona, no demuestra otra cosa que este panorama que es en verdad reconfortante, no es otra cosa que el fruto de un posición individual. Y por desgracia, tiene muy poco que ver con las salud democrática y el correcto funcionamiento de las instituciones. La prueba acabamos de tenerla con el comportamiento del Constitucional presidido por Cándido Conde Pumpido que ha absuelto de malversación a un golpista huido del país, al que, por cierto, prometió traer ante la Justicia tras su fuga, el mismo presidente del Gobierno. Mi tesis por tanto es que las rebeliones individuales sostienen lo que el poder político pervierte. Si un día yo robo y malverso, me gustaría contar con Conde Pumpido para que me suelte. Aunque sea injustamente.

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