Antonio Casado
¿Vuelve Puigdemont?
BNG y Bildu han sido los socios más fieles del PSOE durante la legislatura finalizada: ambos grupos han aprobado prácticamente todo lo que presentó el Gobierno en el Congreso hasta el último día e incluso después. Una estrategia encabezada en Galicia por el hasta ahora único diputado del BNG, Néstor Rego, coronel de la vieja e inmutable U, último bastión del estalinismo, que solo se puede entender como devolución del entreguismo del PSdeG en las elecciones autonómicas, donde solo le faltó pedir el voto para Ana Pontón. En realidad, lo pidieron, dejando a Besteiro en el subsuelo electoral.
No hay otra explicación en vista del resultado práctico de los acuerdos con el PSOE. Dos firmó. El primero, sobre la implantación de la red de cercanías ferroviarias entre Vigo y Pontevedra y Santiago y Coruña, un protocolo con una serie de medidas y calendario que pasó directamente a la papelera tras varias declaraciones del ministro Puente, al que su oficio de bloguero le deja poco tiempo para gestionar su hobby como ministro de Transportes. El segundo, sobre la AP-9, otra declaración que quedará en nada y que en varios puntos se aleja drásticamente del pacto unánime ratificado en el Parlamento de Galicia, mucho más claro en sus directrices y objetivos, también en qué Administración asumiría los costes. Y ahí termina todo. O quizá no. Queda todavía el fraude de ley que Doc PS perpetrará para aprobar los decretos-ley sobre la vivienda tras haber sido rechazados por el Congreso. Un pésimo precedente, y peligroso de cara al futuro, que también el BNG avala con la misma alegría que el resto de medidas tomadas durante esta legislatura que termina y que nunca debió iniciarse. Juntos hasta el final y más allá.
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