Manuel Orío
La salud institucional
No han pasado ni dos días de la convocatoria de elecciones y ya estamos en plena precampaña. Nada se va a mover hasta el veintinueve de noviembre que no esté orientado a sumar votos para ganar. Por tanto, todas las promesas de estos días dormirán el sueño de los justos y pasarán al olvido cuando se cierren los colegios electorales. Como los miles de millones para los jóvenes de Sánchez o el millón de nuevos pisos de Feijoo. Palabrería.
De momento el PP pretende devolver a Ceuta al primer plano y el PSOE silba cuando le sacan el tema de que el traslado de una playa a un descampado no resuelve el problema. Tampoco la amnistía de Puigdemont es una buena noticia para Moncloa. El constitucional ha doblado el brazo al Tribunal Supremo y la imagen del prófugo congratulándose de su triunfo irrita al personal. Y más cuando la amnistía no ha servido para que Junts apoyara los decretos sobre la vivienda, causa del adelanto electoral. La izquierda del PSOE acelera sus negociaciones para encontrar un cabeza de lista y al final dos mujeres se van a disputar el liderazgo, Ada Colau y Monica Garcia.
Pese a que encuentros fortuitos empujan para que se llegue a un acuerdo, es muy difícil que Podemos se acabe integrando en el Frente Amplio e irá por libre. Igual que Compromis en Valencia. Los ultras de Alianza Catalana ni irán a las generales facilitando el voto a VOX. Su chulesco argumento es que "sin salír de Cataluña restituiremos el estado catalán libre". El partido de Abascal sigue, erre que erre, con la prioridad nacional y tampoco va a hacer grandes promesas porque sigue subiendo en las encuestas y ya le sustrae un millón de votos a Feijoo. El dirigente popular prefiere soslayar el tema y trata de que Ayuso no le marque los temas y el tono de la camapaña. Pero a la presidenta de la Comunidad de Madrid es cada vez más dificil callarla.
Con estos mimbres nos esperan casi dos meses de agria pelea y cruces de acusaciones en tono insultante, que van a lograr que la ciudadanía llegue a las urnas harta y cabreada. Sánchez lo tiene muy dificil, aunque siga creyendo en los milagros. Puede que su objetivo último sea sobrevivir como líder de una oposición más fuerte de lo que gustaría a Génova.
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