Carmen Tomás
Casi un mes tarde
Por mucho que agosto sea el mes del silencio oficial, de las persianas bajadas y los despachos vacíos, este año pesa más que nunca. Porque no es un silencio de descanso. Es un silencio sin respuestas. El run run de agosto en las terrazas, en la cola de la gasolinera y en el supermercado, ha sido uno solo, con exclamación y con angustia en la pregunta ¿A dónde vamos? A dónde vamos sin presupuestos aprobados en los ultimos años, esas cuentas públicas que Pedro Sánchez en 2018, exigía al entonces presidente Mariano Rajoy la convocatoria de elecciones si no lograba aprobarlas. Y ahora acumulamos tres prórrogas consecutivas. Un Gobierno que ha renunciado a su primera obligación, que es decirle al país cuánto va a ingresar, cuánto va a gastar y en qué. Sin presupuestos no hay plan, no hay hoja de ruta y sí hay palabras vacías y de supervivencia mientras sufrimos calles, autovías, autopistas y servicios públicos cada vez más comparables a países del tercer mundo o de América del sur. Y una nación no puede vivir de prórrogas.
A dónde vamos con la gasolina por las nubes justo cuando más se necesita ver el apoyo a las necesidades de los ciudadanos. Agosto, la operación salida, la vuelta, los que van y los que vienen a trabajar igual, porque no todos tienen vacaciones. Siempre que el español necesita llenar el depósito, el surtidor se dispara. El litro por encima de los 1,80 otra vez, el diésel sin tregua. Y el Gobierno mirando hacia otro lado, sin una medida, sin una explicación que no sea culpar al contexto internacional.
En medio de ese run run, Zapatero ha perdido la confianza dada por el juez para presentar papeles justificativos de sus caras alhajas y ha reaparecido Pedro Sánchez presidiendo la reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad Nacional para abordar el asalto en Ceuta. Lo preside pero con la confianza perdida por un pueblo que preferiría ver al Rey Felipe VI, igual que estuvo en el apagón de 2025, el inicio de la guerra de Ucrania o la pandemia del coronavirus. Da lecciones de política internacional, de memoria, de futuro, pero no da respuestas de lo esencial. No responde sobre el bloqueo presupuestario que él mismo apadrina, no responde sobre el malestar real de la gente que ve cómo todo sube menos su sueldo y sí deja sentir que no le gusta la sombra de Casa Real. Un celoso de no ser él Jefe de Estado.
Y como en todo agosto, al run run económico se suma el otro run run, el de siempre, el de los mentideros de Madrid que reactivan las instrucciones judiciales. La gente en la calle lo comenta. ¿Qué pasará con la esposa y el hermano? ¿Quién será el siguiente a encarcelar? No hay explicación, solo silencio. Y el silencio, cuando se instala, alimenta la sospecha.
Agosto se acaba. Las maletas vuelven. Pero la pregunta se queda, más grande que cuando nos fuimos: ¡A dónde vamos! Y no es pregunta, es exclamación.
Contenido patrocinado
También te puede interesar