La revolución política que necesitamos (y no tenemos)

Publicado: 13 ene 2026 - 01:45

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Opinión. | Atlántico

Admitiendo que la iniciativa 'Socialdemocracia 21' de Jordi Sevilla y compañía es un paso interesante, debo decir que es insuficiente a tenor de lo que leo en el 'manifiesto' hecho público por el exministro de Zapatero este lunes. No basta con pedir que el PSOE de Pedro Sánchez evolucione o se regenere: pienso que este chupinazo político adolece de lo mismo que alguna vez se le ha criticado a los discursos del Partido Popular. Es decir, que el mero diagnóstico no da votos ni aporta adeptos. Hay que ofrecer soluciones creíbles para la ciudadanía, no meros manifiestos denunciando lo mal que lo hace el Gobierno, que eso ya lo saben los ciudadanos que, en porcentajes bastante menores de lo esperado según las encuestas, desertan de la fidelidad al llamado 'sanchismo'.

Pienso que las denuncias que desde 'Sd21', o desde el PP, o desde los grupitos que agrupan a gente de valía como Miriam González Durantez, o, incluso, desde la plataforma de Iván Espinosa de los Monteros u otros reductos minúsculos, habrían de transformarse en una auténtica política revolucionaria para España. A debatir y, en su caso, a consensuar. Todas las críticas valen y me parecen, en general y salvo demasías que de cuando en cuando nos despistan, acertadas. Pero hace falta más: hemos de hablar desde la reforma de la Constitución hasta de una definición para la territorialidad que incluya también al irresuelto tema de la financiación autonómica.

España necesita una regeneración política de cabo a rabo, que incluya una redefinición del estado de bienestar y una propuesta de mejor reparto de riqueza, que no necesariamente tiene que pasar por una constante subida de impuestos para hacer al Estado más rico. Nuestro país exige nuevas normas para la defensa de la democracia, obligando a la limitación de mandatos y a una reforma profunda de la normativa electoral que haga gobernable la nación. La lista de los temas pendientes sería larga: no, no basta con hacer propuestas que no se cumplirán sobre creación de viviendas asequibles para nuestros jóvenes, freno de la inflación o mejores oportunidades laborales para todos.

La 'España de Leonor I' nada tendrá que ver con la actual, y más vale que nuestros partidos vayan preparando ya el Cambio, y preparándose ellos mismos para las enormes mudanzas que, en todo orden, empezando por el internacional, se nos echan encima. Pero, obviamente, la primera mudanza que hay que acometer se refiere al propio concepto de la política, que en España está adulterado y viciado hasta extremos intolerables.

Creo que, aunque seguramente no le gustaría la apreciación que sigue, el grupo que Jordi Sevilla trata de aglutinar en torno a una idea rosáceamente socialdemócrata puede venir, de hecho, a ocupar ese espacio de centro siempre en estado de reconstrucción, pero siempre dinamitado por ambiciones, impericias o falta de inteligencia de sus impulsores. A este grupo de Sevilla, como a otros que buscan un espacio al sol en medio de las actuales tinieblas, hay que desearle lo mejor. Pero advirtiendo que no hay solución sin revolución. Una revolución pacífica, claro, donde quepan todos y todas las ideas menos quienes no quieren ni pactar, ni dialogar, ni tienen idea alguna en la cabeza más allá de la ocupación del poder desplazando a los demás.

Echo de menos, sí, bastantes más cosas que los nombres de los 'abajofirmantes' en el largo, pero no muy sustancioso, manifiesto que este lunes nos ha hecho llegar alguien tan respetable como el exministro Jordi Sevilla. Interesante iniciativa, que confío en que no quede en un fracaso admirable. Sería, en todo caso, uno más.

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