Lo que realmente interesa del caso Begoña Gómez
Con independencia de cualquier otra circunstancia del caso, yo soy de los que pienso que nunca hubo riesgo de fuga de la esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez. No tiene lógica, francamente. De ahí que, aparte de la manera de formularlo, a mí también me pareciera excesivas las medidas que aplicó al caso el juez Peinado, aparte de la cuestión de fondo. Y al margen de si incurrió en alguno de los delitos que se le imputan, para mí lo escandaloso del caso es que una persona cuyo nivel académico reconocido es el de bachiller, pudiera codirigir una cátedra y cursos de especialización en la Universidad. Porque la paradoja es que ella misma, por no ser licenciada universitaria no podría ser alumna de los propios cursos que impartía. Y eso es lo escandaloso.
Como ya indiqué en otro momento, lo merece una documentada y serena reflexión sobre si por su currículum era la indicada y estaba capacitada para dirigir una cátedra extraordinaria, cómo y quién la nombró, cuál fue, si lo hubo, proceso selectivo y otra serie de aspectos administrativos y formales. Cualquiera que conozca el sistema universitario español, sus exigencias, controles y condiciones para hacer carrera dentro del mismo, sabe de lo rigurosa que es la ANECA a la hora de reconocer los méritos de los aspirantes a desempeñar puestos docentes diversos. ¿Cómo es posible que se otorgue una cátedra de esta naturaleza a una persona que ni siquiera es licenciada y que presume, en la publicidad de su producto, precisamente del "nivel" universitario que ella misma produce?
De lo otro que estos días se ha tratado mucho, desde todas las posiciones es que el juez sustituto de Peinador sólo la autorizara a viajar al Reino Unido a la graduación de su hija, pero no le ha permitido viajar con su marido a la cumbre de la OTAN. Conviene recordarlo con frecuencia. Los ingleses resumen el caso en un dicho: “No se lleva a la esposa a la oficina”. Es un principio dentro del protocolo de Estado, con respecto al papel de la mujer del primer ministro y se aplica con carácter general. En España la mayoría de los presidentes han sido discretos y lo han respetado, a excepción de Aznar y de Sánchez. El primero embarcó a su parienta en un viaje de Estado a Cuba, en el que estaban los reyes y eso organizó que tuvieran que organizarle un programa paralelo al de la Reina Sofía que causó notable disgusto en la Casa Real. Pero con Sánchez ha ido a peor. Begoña no es nada, de nada, de nada. Es una ciudadana particular sin rango oficial alguno, y menos “la primera dama”, uso que no existe entre nosotros y en todo caso, no le corresponde.
Cierto que, en el ámbito de la vida social, puede tener cierto rol en determinados actos como consorte del jefe del ejecutivo; pero con matices. Su puesto de esposa del presidente no tiene posición en el Real Decreto de Precedencias del Estado, porque en ese sentido, no es nada. Hasta se puede comprender, con matices, que dentro del organigrama de la Moncloa se le asigne el apoyo de una funcionaria que asuma que pueda echarle una mano en determinados asuntos, relativos, a determinados actos sociales a los que, protocolariamente, pudiera acompañar a su marido.
En resumen, sobre esta controversia, la parte magra de la historia sigue siendo otra a mi entender, por encima incluso de si se aprovechó de su puesto en la Complutense. ¿En cuántos congresos universitarios ha dictado ponencias, cuántos y en qué publicaciones de prestigio ha publicado artículos, en qué otra universidad ha realizado estancias? Porque lo insólito de esta historia sigue estando en su comienzo. ¿Quién y por qué se incorporada a una persona como Begoña Gómez para dirigir un proyecto que emite títulos con refrendo universitario si ni ella misma tiene esa condición, según la normativa en vigor ordinaria? Cierto que, dentro del nuevo modelo de ayuda a la financiación, destacaba el recurso del patrocinio y mecenazgo. Estos constituían una herramienta fundamental para las Universidades, que iniciaron programas en ese sentido, mediante alianzas estratégicas. ¿Acaso en ninguna de las facultades propias contaba la Complutense de personas adecuadas para llevar a cabo el proyecto que se encomendó a Begoña Gómez? ¿Quién la conocía en ese ámbito, qué obra de referencia presentaba? Eso es lo escandaloso por encima de cualquier otro episodio derivado.
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