José Teo Andrés
Una ciudad europea
No es fácil predecir hacia dónde camina el mundo pero sí parece más sencillo suponer que el futuro no es precisamente un bálsamo a juzgar por lo que pasa cada mañana. Hay una cierta tendencia cuyos acentos se refuerzan día a día hacia el pesimismo, cuyos signos se hacen más perceptibles en un ambiente dominado por el miedo. Y es verdad que no es fácil sustraerse a una inquietud crecedera con un barco cuya proa sombría apunta hacia la costa española y un atisbo de pandemia inclasificable a bordo, una de esas siniestras ilustraciones con visos de azote bíblico que ha puesto y con razón de los nervios al presidente canario, que ha alborotado todos los pelos de la ministra de Sanidad y que ha tocado el cornetín en todas las redacciones de informativos de España. La ministra ha salido de un largo letargo ocupada en mirarse el ombligo todas las mañanas, hacer una hora de bicicleta estática y pelear un par de asaltos con sus colegas médicos a los que niega un estatuto propio y con los que hace guantes para no aburrirse antes de desayunar y leer los resúmenes de prensa sobre la mesa de su despacho. Fernando Clavijo está que fuma en pipa y no parece faltarle la razón al presidente canario que, sin comerlo ni beberlo, se ha encontrado una situación desagradable y delicada sin ser previamente advertido lo que lo tiene muy quemado. La ministra dice que le contó lo que se venía encima y el presidente asegura que nadie le ha llamado, ni le ha invitado a reunión alguna ni mucho menos le ha contado una palabra así que, alguno de los dos no cuenta toda la verdad o abiertamente miente y sería bueno para los contribuyentes que se aclararan y lo aclararan.
Lo único cierto en este conflicto que se ha encargado de borrar del mapa al en otro tiempo todopoderoso señor Ávalos y su mozo de estoques, el inefable amigo Koldo, es que esa proa negra como la noche surca las olas a los compases de aquella estremecedora canción pirata, “quince hombres van en el cofre del muerto, ay, ay, ay, la botella de ron. La bebida y el diablo se llevaron el resto, ay, ay, ay, la botella de ron”. Mónica García se parece poco afortunadamente a Long John Silver. Al menos en el exterior. Por dentro es otra cosa.
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