José Teo Andrés
Una ciudad europea
Vigo celebró ayer con un acto social significativo el Día de la UE en su condición de sede de una de las escasas agencias comunitarias fuera de Bruselas, otro de los grandes logros de esta ciudad en los últimos 25 años. Hay que recordar que fue una gestión directa de Aznar siendo presidente del Gobierno y que se dio a conocer, curiosamente, el mismo día en que Corina Porro era investida como la primera alcaldesa de Vigo de la democracia y segunda de la historia local, en diciembre de 2003. Aznar, con sus luces y sombras, también aprobó la creación de la Audiencia Provincial en Vigo, hoy en la Cidade da Xustiza, que supuso elevar el rango de Vigo como una capital a la hora de conseguir servicios y dotaciones. Ese gesto le costó la Alcaldía al PP en Pontevedra, que mantiene Lores, del BNG, hasta hoy.
Vigo es europeísta como también lo es -o era-España, uno de los países que con mayor entusiasmo votó a favor en referéndum -el último hasta la fecha- la Constitución de la UE, que hoy estaría en vigor si no fuera por la oposición de Francia, que hundió el proyecto y nos condenó a todos a vagar sin dirección ni propósito. España no se entiende sin Europa y hoy sería mucho peor sin la integración como miembro fundador de la Unión Europea. Cierto que hay asuntos por resolver, como que el Puerto no tenga categoría europea -que hay que endosar al Gobierno de Zapatero- o la errática política poesquera, que la propia Comisión Europea ha reconocido fracasada, probablemente por haber estado en manos de tipos como el anterior comisario, amante del mar pero no de los marineros. Pero quizá en la UE se resuelva por fin la eliminación de la condena al peaje en la AP-9, cuya última prórroga fue de Aznar, a anotar en su debe, y que mantiene Doc PS, porque Galicia le importa entre poco y nada.
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